Sociedad

El dilema de las redes sociales

  • Columna de Marco Sifuentes
  • El dilema de las redes sociales
  • Marco Sifuentes

Inspirado en la maravillosa serie de televisión “on demand”, a la que debe el nombre mi columna de hoy, toca el turno de hablar sobre las redes sociales en el marco de las campañas políticas, desde la perspectiva de su naturaleza, utilidad y operación.

Lo primero que debo decir, es que las redes sociales no son el monstruo de siete cabezas que los políticos suelen imaginar, sino el ágora virtual donde convergen quienes antes se congregaban en la plaza pública con el simple propósito de ver y dejarse ver por los demás.

Si bien, las redes se instalan en ecosistemas previamente diseñados, creados y administrados por los grandes corporativos emergentes de la comunicación y la tecnología, lo cierto es que quienes las usamos somos los simples mortales que aspiramos a ponernos en contacto con familiares, amigos y personas con cierta afinidad profesional, cultural y social.

Las redes no nacieron para los políticos y sus partidos, ni para los gobiernos, instituciones y empresas, sino para el encuentro entre individuos, aunque, inmediatamente fueron invadidas por las corporaciones, las ideologías y los liderazgos personales, lo que constituyó una gran oportunidad para sus creadores de monetizar la incursión de sus nuevos usuarios y multiplicar sus ganancias.

Esto ha derivado en abusos y escándalos, ampliamente conocidos y documentados; juicios y legislaciones que intentan regular y evitar el mal uso de los datos personales, la manipulación y otras calamidades que se han convertido en las nuevas siete plagas que acechan a la humanidad, tanto en el mundo virtual como en el real.

Para efectos de una campaña o proyecto político, lo primero que hay que entender de las redes es que no están ahí para los poderosos, sino para las personas, por lo que es recomendable comportarse como un miembro más de la comunidad virtual y adaptarse a sus normas sociales, usos y costumbres.

Lo segundo es saber que no funcionan por arte de magia, sino a través de la generación de contenidos atractivos, amigables, claros, concisos y precisos.

Tercero, que no se necesita ser un genio para administrar nuestros mensajes, sino del más elemental sentido común y de comunidad, un lenguaje sencillo y honestidad de propósito.

Cuarto, que los datos están ahí y no de adorno, sino que representan una minería infinita de posibilidades, temas, segmentos, temperaturas y humores sociales a los que hay que atender y sacarles el mejor rendimiento.

Por último, quien crea que los perfiles falsos y las comunidades artificiales de seguidores que no existen son la panacea de su comunicación, cometen el error de despreciar precisamente la mayor virtud del nuevo espectro comunicacional, social, cultural y ahora también político, que es su organicidad, autenticidad y espontaneidad.

Esto no quiere decir que no haya que tener en cuenta el poder de las noticias falsas, la guerra sucia y toda la basura que circula en las redes, gracias al anonimato y que, parafraseando a Humberto Eco, ahora cualquier imbécil puede decir lo que se le pegue la gana sin tener que dar la cara por ello. 


ceo@mkf.mx


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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