“Agarraron al Mencho”, se apresuró a informar en un video a través de redes sociales el entonces candidato priista a gobernador, Nacho Peralta, sin que esto fuera cierto; sin que fuera él la persona indicada para dar esta noticia y dejando en claro con este desliz, que el que estaba “mencho”, era él, pues ese día no sólo no atraparon al líder del Cartel Jalisco Nueva Generación, sino que éste le tiró un helicóptero a las Fuerzas Armadas que lo emboscaban en algún lugar cercano a Mascota, Jalisco.
Otro aparato que se había desplomado meses antes fue un satélite que Nacho Peralta intentó poner en órbita y que le costó al país varios millones de dólares, cuando su amigo Peña Nieto lo empleaba como subsecretario de Comunicaciones y Transportes.
Aun así, Nacho Peralta demostró ser más listo que su oponente panista, Jorge Luis Preciado, al derrotarlo en dos ocasiones consecutivas en menos de un año, una en la mesa y por menos de 200 votos y la otra en las urnas por apenas unos puntos de diferencia cuando la popularidad de Preciado se fue al carajo por dos razones: la primera, haber puesto su segunda campaña en manos del inexperto y arrogante líder nacional del PAN, Ricardo Anaya, que no sólo no tenía experiencia en ganar campañas, sino que la vez que participó en una, fue cuando el PAN le devolvió la gubernatura de su natal Querétaro al PRI.
Anaya quería “colgarse la medalla” del triunfo de la elección extraordinaria en Colima, que arrancaba con más de 10 puntos de ventaja a favor del PAN y que dilapidó en menos de un mes, contrastando con los 26 de desventaja con los que había iniciado en la elección ordinaria seis meses antes y que remontó y superó significativamente, aunque al no tener, para variar, las actas en la mano, quedó en un fraudulento empate técnico, con una ligera ventaja a favor del PRI, de ésos a los que ya nos tenía acostumbrados y que fue motivo de la impugnación, anulación y llamado a una segunda elección por parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
El otro importante factor, en la derrota de Preciado, fue su arrogancia, al olvidarse que venía “desde abajo” y su inefable diarrea verbal al escupir cosas inconfesables en una llamada telefónica, (que el PRI-Gobierno espió) con su joven novia, de la cual se despidiera con aquella inolvidable frase, que ni al mismísimo maestro Rafael Inclán se le hubiese ocurrido en su memorable Ópera Prima, “El día de los albañiles”: “Su lechita y a dormir”.
Mención aparte tiene el locuaz y violento, verbalmente hablando, Locho Morán, actual alcalde de la capital colimense, quien ya lo había sido años antes por el PAN, así como candidato a gobernador y a senador, también por Acción Nacional, y que en las elecciones donde se enfrentaron Peralta y Preciado, fungió como una especie de esquirol del PRI, pues en ambas contendió, sin posibilidad alguna, por Movimiento Ciudadano, al cual le redituó solamente 10 puntos tanto en la ordinaria como en la extraordinaria, aunque suficientes para frenar el ascenso de su ex partido, el PAN, y de su ex aliado y ex amigo Preciado, a quien dirigió sus baterías durante ambas campañas.