La decisión de Mario Delgado de reducir el calendario escolar y concluir las clases a partir del 5 de junio en lugar del 15 de julio, no solo resultó un desacierto ante el cual distintos sectores involucrados en el tema de la educación, docentes, padres de familia y organizaciones académicas, se opusieron desde un principio a la medida que raya en la estupidez administrativa, generándose un intenso debate que ha sido abordado exhaustivamente por distintos columnistas y analistas.
Entre otras ocurrencias, no se tomaron en cuenta las necesidades del país, donde la jornada laboral se coordina con el calendario escolar, lo que generaría un mayor déficit en la educación, el cual se profundizó notablemente desde la pandemia de Covid.
Aún cuando ha sido abundante la discusión pública sobre la propuesta de modificar el calendario escolar, es pertinente profundizar en su análisis bajo dos perspectivas: la política y la técnica.
Mario Delgado sostuvo que la propuesta surgió a partir de una solicitud de los Secretarios de Educación de las entidades federativas, sin embargo, en la realidad esta narrativa no puede sostenerse como una explicación seria, al argumentar que es por el Mundial de futbol y la ola de calor que azota al país.
Una decisión de tal alcance no puede deberse a la propuesta de los Secretarios de Educación, quienes antes informarían a sus respectivos gobernadores y estos se cerciorarían de que la decisión viniera de la Presidenta Sheinbaum.
Aquí la pregunta de fondo es ¿Se fue Mario Delgado “por la libre” o lo comunicó con oportunidad a la Presidenta, quien hábilmente dejó que la propuesta siguiera su ruta, con la certeza que se generaría un alud de inconformidades?
No puede descartarse que desde palacio nacional previeron el control de daños que requeriría la propuesta, pero que serviría para distraer la atención de la opinión pública por el caso del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. Se abre la posibilidad de que en un determinado momento desplacen del gabinete al Secretario de Educación, permitiendo un reacomodo en el equipo presidencial con aquellos afines a su proyecto político.
En el análisis técnico educativo acudí a escuchar la opinión de una experta, la directora de un colegio privado, quien me expresó que hay un punto válido de Mario Delgado al disminuir la presencia de alumnos durante junio y julio, sin embargo su argumento del Mundial y la ola de calor desvió la discusión del verdadero origen pedagógico, que está en las evaluaciones que actualmente son a principios de junio, por lo que los alumnos perciben que el ciclo concluyó, reduciéndose el avance pedagógico.
Lo conveniente sería que las evaluaciones fueran realizadas a finales de junio o principios de julio, con lo que se mantendría el incentivo de asistencia y se aprovecharían las semanas que hoy se desperdician.