Las expectativas económicas para México, en lo que resta del año, son buenas si pensamos en estabilidad financiera, sin embargo, en términos de crecimiento esperado son tristes, por decir lo menos. La política financiera de este gobierno ha sido bastante cuidadosa en algunos sentidos, no en todos; ha sido responsable en mantener el gasto programado dentro de los márgenes presupuestales y la deuda pública --tanto interna como externa-- se ha mantenido bajo control. Se puede decir que ha sido una administración austera, aunque ha incurrido en problemas al no distinguir qué es austeridad y qué es el cancelar gastos que no se debieron eliminar; quizás el ejemplo más importante de esto son los ahorros en el sector salud versus la falta de abastecimiento de medicinas y la falta de servicios médicos para los más necesitados, y así se podrían poner muchos ejemplos, pero el resultado final para las finanzas públicas ha sido tener un gasto controlado.
Lo anterior contrasta con la enorme asignación de recursos destinados a Pemex a lo largo de esta Administración, que simplemente parece como dinero tirado a la basura ya que los resultados de la Paraestatal siguen siendo muy malos, basta decir que aún con tanta inversión los niveles de producción no solo no se han incrementado, sino que han disminuido. Pemex actualmente produce alrededor de 1.6 millones de barriles diarios cuando debería de estar en 1.8 millones.
Además de lo anterior, y como producto de los fuertes incrementos en los precios del petróleo, el gobierno ha tomado la decisión de subsidiar la gasolina para amortiguar en algo el incremento del crudo, y esto tiene como consecuencia que los ingresos del gobierno programados al inicio del año por la venta de gasolina se hayan desaparecido por el subsidio, lastimando así las finanzas públicas.
Pero la parte económica que más preocupa es que las proyecciones de la inversión privada siguen mostrando que está estancada, se invierte lo necesario para mantener la planta productiva, pero no hay proyectos importantes de alto impacto que impulsen la inversión --ni la mexicana ni la extranjera--. El tema de la Reforma Eléctrica, en el cual el gobierno sigue insistiendo, está empañando los flujos de Inversión Extranjera Directa a las áreas de energías renovables que son las que mayor proyección deberían de tener; además de lo anterior, la administración actual sigue viendo como adversarios a la mayoría de los sectores empresariales, con lo cual todo se complica. Es muy desafortunado que se dedique tanto tiempo a los temas de carácter político y prácticamente nada al ámbito económico, la semana pasada se le dio más énfasis a si se vendían o no tlayudas en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, que ha resolver temas tan apremiantes como modernizar la infraestructura carretera o mejorar nuestros hospitales, así como normalizar el abastecimiento de medicinas; y ni qué decir de los horribles números que sigue dejando a su paso la violencia en muchas ciudades del país.
El mundo en lo general crecerá menos este año que el pasado por la invasión de Rusia a Ucrania, y porque la inflación todavía no cede, esto obligará a los bancos centrales a subir mucho las tasas de interés. México será de los países menos afectados porque nuestro comercio con estos países es mínimo, aunque sí nos pega la inflación que sigue siendo alta y veremos nuestras tasas de interés subir este año hasta niveles cercanos al 8%; eso sí nos puede lastimar, el único antídoto para promover el crecimiento es dando facilidades a los inversionistas y creando las condiciones idóneas para que esto suceda. Si no hacemos algo, seguiremos anclados en la mediocridad.
Manuel Somoza