Este año fue particularmente difícil, tanto en el plano económico como en el geopolítico, las economías más importantes del mundo estuvieron sujetas a tasas de inflación que no se veían desde hace 40 años; desafortunadamente la medicina más eficaz para aliviar el problema, hoy igual que ayer, sigue siendo el encarecer el dinero subiendo las tasas de interés para enfriar la economía y debilitar la demanda.
A todo esto tuvieron que enfrentarse los distintos países; sin embargo en términos generales, se puede afirmar que las economías occidentales lograron mejorar la situación con políticas monetarias restrictivas pero que no llegaron a ser tan amargas como para provocar una recesión mundial.
En el año hubo de todo; al inicio China dio la nota cerrando su economía por segunda ocasión después de que se diera cuenta que sus vacunas no habían sido tan efectivas —sobre todo ante la amenaza de la cepa ómicron del covid-19.
El cierre de la segunda economía más grande del mundo fue un obstáculo en la lucha contra la inflación, ya que impedía que se destrabaran los cuellos de botella en las cadenas de valor que se habían suscitado por la pandemia.
Finalmente, el gobierno chino aceptó su realidad y abrió la economía para evitar un conflicto peor de carácter social.
Después vino la crisis de los bancos medianos y chicos en Estados Unidos, donde algunos tuvieron que cerrar sus puertas ante problemas de liquidez que provocaron situaciones muy difíciles; algunos de ellos no pudieron enfrentar las corridas de clientes sobre sus inversiones.
Afortunadamente este problema también se solucionó relativamente rápido tanto en Europa como en Estados Unidos y no se convirtió en un problema sistémico, pero lo más inquietante en los 365 días de 2023, fue el no saber si realmente la inflación iba permanentemente hacia abajo y si las medidas de carácter monetario estaban dando resultado o no.
Al final fue más el miedo de los discursos de los banqueros centrales que los datos económicos en sí mismos, pues estos demostraron que el remedio para las altas tasas de interés sí era efectiva contra la inflación.
Así las cosas, llegamos al mes de diciembre con una perspectiva mucho más positiva que la del inicio del año, en virtud de que la inflación sí cedió en forma importante y las tasas de interés hicieron su trabajo.
Los datos macroeconómicos que recibimos en diciembre muestran que la parte más difícil de la lucha contra los altos precios quedó superada aunque aún falta dar el último jalón; pero hoy el discurso ya es distinto, se trata de estimar cuánto bajarán las tasas de interés en 2024, y cada vez se ve más claro que la recesión que temíamos al inicio del año, se encuentra cada vez más lejos.