Los últimos datos del Inegi muestran que cerca de 32 millones de mexicanos viven en la informalidad. Esto constituye un lastre significativo para el país y explica, en buena medida, por qué las finanzas públicas, por bien administradas que estén, no generan los recursos suficientes para atender las múltiples necesidades nacionales.
Los mexicanos que permanecen anclados en la informalidad contribuyen muy poco a la recaudación fiscal. En consecuencia, el Estado no cuenta con ingresos suficientes para hacer frente a gastos indispensables como la seguridad pública. Asimismo, los recursos resultan escasos para inversión en infraestructura, mejoras en los servicios de salud, educación y vivienda, entre otros rubros esenciales. La inversión pública, por tanto, es insuficiente para un país con las carencias estructurales de México.
En el país la inversión pública no ha sido el motor de desarrollo que debería. A esta insuficiencia se suma el hecho de que, en años recientes, parte de la inversión realizada no se ha destinado a proyectos productivos de alto impacto. Esto ayuda a explicar el débil crecimiento económico observado en los últimos siete años.
La perspectiva no es del todo alentadora. Se trata de un problema estructural que no puede resolverse en el corto plazo. Será necesario aplicar políticas públicas que, de manera gradual, hagan menos atractivo permanecer en la informalidad y generen incentivos reales para transitar hacia la economía formal. El gran reto consiste en definir qué se le debe ofrecer a la población para facilitar este cambio de esquema.
La solución no es sencilla, pero es indispensable comenzar a delinear acciones concretas que fomenten el crecimiento de la economía formal. Para lograrlo será necesario emprender diversas medidas. Entre ellas resulta fundamental mejorar los sistemas de salud y, de manera muy específica, fortalecer en todos los sentidos lo que ofrece el IMSS.
La percepción que la población tiene del IMSS es clave para determinar si se trata de un servicio al que aspiren acceder o al menos consideren valioso. Si la impresión general es negativa, la motivación para incorporarse a la formalidad disminuye. Si, por el contrario, se fortalece la confianza en la institución, el incentivo para formar parte de la economía formal aumenta.
Considero que el IMSS cumple una función fundamental en la salud de los mexicanos. Es una institución valiosa. Sin embargo, también es cierto que enfrenta retos importantes de imagen, derivados en gran medida de la falta de recursos para cumplir plenamente su misión. Infraestructura, abasto de medicamentos y calidad en los servicios son algunos de los rubros donde las limitaciones presupuestales impactan en la percepción ciudadana.
El mensaje es claro: es indispensable hacer todo lo necesario para comenzar a reducir la economía informal y crear incentivos que impulsen la generación de empleos formales. Solo así podremos fortalecer las finanzas públicas, mejorar la calidad de los servicios y sentar las bases de un crecimiento económico más sólido y sostenido para México.