Esta semana estimado lector, me tomaré la licencia de iniciar con una muy buena noticia:
El Gobierno del Estado de Hidalgo a través de la Dirección General de Atención al Migrante, presentó la plataforma digital migranteshidalguenses.hidalgo.gob.mx, resultado de un esfuerzo sensible y decidido por mantener y mejorar contacto y comunicación con nuestros paisanos. Ante la imposibilidad de realizar ferias de documentación en Estados Unidos por el clima político adverso, esta herramienta sencilla permite desde su celular, tableta o computadora, gestionar trámites, solicitar apoyos y acceder a programas sin poner en riesgo a las familias. Es tecnología con rostro humano: una respuesta solidaria para seguir acompañando, más y mejor, a la comunidad migrante hidalguense y a sus familias en el estado.
La comparecencia de hoy de Donald Trump ante el Congreso, en el marco del llamado State of theUnion, confirmó que su proyecto político se alimenta más de emociones que de resultados. Lo que debería ser un ejercicio republicano de rendición de cuentas termina convertido en espectáculo: aplausos coreografiados, invitados estratégicos y relatos individuales utilizados como piezas de propaganda.
Posiblemente uno de los momentos más insultantes fue la utilización del argumento del atropellamiento de una niña —presuntamente cometido por un migrante “ilegal”— como símbolo de una supuesta amenaza generalizada. El recurso es muy conocido: convertir la excepción en regla. La narrativa busca fijar en el imaginario colectivo que el migrante es peligro, desorden, invasión y crimen pero los datos cuentan otra historia. La mayoría de los delitos viales en Estados Unidos son cometidos por ciudadanos estadounidense, de hecho con base en una estimación basada en censos de arrestos entre 2010 y 2023, la taza de arrestos de ciudadanos de prácticamente del doble que de los indocumentados. La enorme mayoría de personas migrantes no delinque. Sin embargo, la estadística no moviliza políticamente; el miedo, sí.
Trump no intenta convencer a todo el país, sino reafirmar a su base. Alimentar la polarización es parte central de su estrategia: dividir para consolidar. Presentarse como el único capaz de frenar un caos que él mismo sobredimensiona. Cada tragedia individual se transforma en argumento para justificar políticas de exclusión.
El problema no es sólo el discurso antiinmigrante, sino la normalización de la criminalización colectiva. Cuando el poder señala identidades completas como sospechosas, debilita el tejido democrático. Patético, más que un informe de gobierno, lo de hoy fue marketing político en horario estelar: eficaz para los propios, corrosivo para una sociedad que necesita menos espectáculo y más soluciones reales.