La compasión es sufrir y alegrarse con el otro, es empatía y comprensión. Aunque parece que la compasión sólo se puede experimentar, en algunos momentos, con aquellos que han caído en desgracia. Compadecerse es una forma de compartir y participar de los tropiezos materiales, personales y espirituales que aquejan a los demás, con la decisión de emprender acciones que les faciliten y ayuden a superar las condiciones adversas.Tener compasión no es lo mismo que “sentir lástima”. A veces contemplamos la desgracia como algo sin remedio y pensamos “qué sería de nosotros en esa situación”, sin hacer nada, a lo mucho expresamos nuestras condolencias. También vemos con asombro la indiferencia que poco a poco nos envuelve, los contratiempos ajenos parecen distantes, y mientras no seamos los afectados todo está bien. Este desinterés por los demás endurece y nos hace indolentes, egoístas y centrados en nuestro propio bienestar.Sin embargo, son las personas que nos rodean quienes necesitan compasión que comprende, se identifica y se transforma en actitud de servicio. Somos compasivos cuando visitamos a un amigo o familiar que ha sufrido un accidente o padece una grave enfermedad y no nos quedamos en la simple lamentación de su estado, sino que estamos también pendientes de su recuperación. Vemos compasión en los jóvenes que participan en actividades sociales, en comunidades marginadas, con la intención de mejorar su entorno.Con la compasión se reafirman valores como la generosidad y el servicio; la sencillez, la solidaridad por tomar en sus manos los problemas ajenos haciéndolos propios y la comprensión porque al ponerse en el lugar de otros, se descubre el valor de la ayuda desinteresada.La compasión nace en el interior como una profunda convicción de procurar el bien de nuestros semejantes, que no sé si sea un don o un aprendizaje, pero que la observamos en momentos clave de la vida y está, ciertamente, en el interior de todas las personas. Siendo compasivos también comprendemos que muchas veces las circunstancias, la falta de formación o de experiencia hacen que las personas actuemos equivocadamente.La compasión va más allá de los acontecimientos y las circunstancias, se enfoca en descubrir a las personas, sus necesidades y padecimientos, con una actitud permanente de servicio, ayuda y asistencia, haciendo a un lado el inútil sentimiento de lástima, indolencia y egoísmo.Habrá que cuidar, con atención y delicadeza, que la compasión sea una actitud de vida y no una “llamarada de petate”.
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