Es concretamente el amor lo que constituye y hace una relación de pareja. Entendiéndola en su esencia.
Pero quizá convenga preguntarse: ¿qué es una pareja? Personalmente la entiendo como el vínculo afectivo-corporal que se configura entre dos personas, hombre y mujer, como una relación de interdependencia mutua, y cuyo desarrollo tiende a mantenerse en un progresivo “equilibrio inestable”.
En la pareja, los diálogos y conductas subyacentes expresan: “Quiero estar lo suficientemente lejos de ti, sin sentirme abandonada (o) y lo suficientemente cerca de ti, sin sentirme atrapado (a)”
Esta relación no es un hecho consumado y cerrado en el tiempo. Se trata de un proceso en el cual ambos, se mueven a través de un continuo relacional constantemente atravesado por variables que cada uno aporta.
El hombre y la mujer en cuestión están implicados por densas historias personales, condicionamientos biológicos y psicológicos, por la compleja trama que los ha constituido como personas.
Ese movimiento mutuo, con el impulso que tiende a “emparejarlos”, está caracterizado por un constante juego en el cual arribarán a una mutua interdependencia como estructura básica de su relación.
Esta interdependencia es una situación en el cual cada uno se afirma como persona autónoma, pero teniendo en cuenta su vínculo con el otro.
Que no puede quedar fijada, una pareja es un ser vivo que tiende al desarrollo, que permanece en un sutil y sensible equilibrio, por lo tanto inestable formando el “sistema-pareja”.
Los hechos, ordinarios o no, de una vida de pareja: los sentimientos, las emociones, la sexualidad, la influencia del entorno, los hijos, los roles, entre otros muchos elementos, producirán variables de mutuo ajuste y hasta crisis dolorosas que deberán ser asimiladas.
Es a través de estas realidades cotidianas como crecerá y será fecundo el propósito común que les unió.
Nada más alejado de lo estático que esta unión, de aquí que la relación implique crisis, es decir, conflicto.
Ciertamente, si el curso de la pareja se prolonga en el tiempo, el “equilibrio inestable” será cada vez más el equilibrio y menos lo inestable.
La equilibrada inestabilidad deberá, cualquiera sea su forma, permanecer hasta el fin.
De lo contrario, la relación se petrifica, se inmoviliza y por tanto muere.
Un ser vivo que cesa en su trabajo de adaptación y de intercambio con el medio, se muere, el sistema agota su energía.
El tanque de agua abierto que no renueva su contenido, termina por perderlo en una simple y lenta evaporación. Es el fin.
Una pareja es “la muerte de los egoísmos en función de la mutua donación”.
Esta “donación” es sinónima de apertura de sí mismo al otro. Su contrario es el narcisismo que es como la vuelta egocéntrica sobre sí mismo.
El sujeto se hace objeto de su complacencia. Vive para sí ignorando al otro. Más aún usándolo como objeto de sus deseos y necesidades.