La aceptación es una fase esencial en la vida, especialmente cuando se trata de uno mismo, la autoestima, la conformidad y la satisfacción con lo que somos es un soporte y base que impulsa cada acción que emprendemos en la vida.
La forma en que nos vemos, nos consideramos y pensamos, desde los aspectos de nuestro físico, condición personal, habilidades, aptitudes y potencial y todo lo referente en torno a nosotros mismos, nos coloca en una posición más o menos cómoda, todo depende de nuestra seguridad y de la manera en la cual interactuamos y nos relacionamos. En la medida en la que nos conocemos a nosotros mismos, la soledad juega un rol distinto en nuestras vidas, pues aprendemos a establecer una conexión interna que nos hace sacar provecho de cada instante en nuestras vidas, incluso esos momentos en los cuales nos encontramos solos.
Cuando no logramos estar cómodos con nosotros mismos, construimos fronteras o murallas que nos aíslan del mundo, nos vemos como obligados a asumir papeles, roles y caretas, que consideramos necesarias para poder subsistir en la sociedad, para agradar, para mantener ciertos estatus, para poder desempeñar las acciones diarias y especialmente para gozar de compañía, sin darnos cuenta, que lejos de estar realmente acompañados, terminamos más solos que en ningún otro momento.
Cuando nos conocemos a nosotros mismos y somos capaces de reconocer a los demás como iguales, como seres humanos, compasivos, comprensivos, sin ser jueces de nada ni de nadie, aprendemos a disfrutar de la compañía genuina de aquellos que aprecian lo que somos y mostramos, lo que irradiamos, sin incomodidades, sin necesidad de mantener actitudes que no son propias, más bien actuamos con naturalidad, de manera genuina y sencillamente fluimos.
La no aceptación de uno mismo, no nos permite ver la realidad frente al espejo, solemos buscar excusas y justificaciones para lastimarnos, para aislarnos y para herirnos constantemente. Incluso rodeados de personas, amigos y buscar en cada espacio un momento de distracción, si no encontramos esa comodidad que nos pertenece con aceptarnos como somos, las personas a nuestro alrededor jamás llenarán ese vacío.
Quizá esta sea la peor soledad, que en ocasiones dura mucho tiempo, que se refleja en la mirada, en espacios de silencio en los cuales se presiente que no somos genuinamente quienes actuamos, cuando nos repetimos aquello que acabamos de decir y nos sentimos molestos, cuando compartimos opiniones con las cuales no comulgamos y lo hacemos por quedar bien y encajar, cuando terminamos convirtiéndonos en actores de una historia que no es de nuestra autoría.
La aceptación y el amor propio, no solo nos revela nuestras virtudes, también nuestras limitaciones, nuestros recursos personales y también nuestras debilidades, pero nos hace capaces de transformarnos, pues somos nuestro propio juez y la mejor compañía en la vida.
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