Fernando Pessoa (Richard Zenith: Pessoa. Una biografía, Acantilado, 2025) era un show con sus sobrinos. Le decían el tío Ibis, su pájaro favorito: en Egipto simbolizaba el arte de la escritura. Al salir de la casa luego de visitarlos ellos se asomaban a la ventana para gritarle: “Haz el ibis”. Con sombrero y gabardina Pessoa juntaba las manos en forma de pico para balancearse sobre un pie, inclinándose al frente. Hizo un poema: “El Ibis, ave de Egipto,/ se posa en un solo pie/ lo que es/ extraño./ Es un ave sosegada/ porque así no anda nada”.
La página 986 incluye para mí la más misteriosa de las fotos: Pessoa camina por la Baixa de Lisboa. Hace años dejé un texto inconcluso sobre ella; ahora lo retomo. El Ibis, al centro.
“Pessoa al paso. Por una geometría/ que es laberinto/ o nudo de cuadrados;/ entre mosaicos/ lo mismo tersos/ que toscos o escabrosos,/ Pessoa al paso.
“Al paso de Pessoa/ su pie derecho/ pisa un cuadrado abierto;/ y su pie izquierdo,/ fuera de foco/ como que pisa un tramo/ de piso loco.
“En realidad ocurre,/ si bien pensado,/ que puesto en sólo un pie/ no sosegado,/ es pájaro Ibis/ que aunque nada ande, anda:/ Pessoa al paso.
“A su izquierda, entre el poste/ y el curvo abrigo,/ ¿qué hace ahí esta mujer/ con pantalones,/ como escapada/ con canasta de picnic/ del Sur de Francia?
“Tras los lentes nubosos/ Pessoa al paso/ ¿te mira o mira a un lado/ o al suelo, y piensa:/ ‘Cuando la niebla/ envuelva a Portugal/ será la hora?’
“Al paso de Pessoa,/ la foto falla/ y su mano derecha/ hace monstruosa/ la pierna izquierda/ de la alegre comadre/ inadvertida.
“¿Dije ‘comadre’, como/ si con su amiga/ hicieran dos merry wives/ de Shakespeare? Miro/ bien: son dos parcas:/ son la que mide el hilo/ y la que deja
que corra. Miro mejor:/ la parca tres,/ Átropos, la que corta/ el hilo vivo/ se ha detenido/ en un escaparate./ Él no lo sabe:
Con qué seguro tranco/ y pie de Ibis/ fue burlada la parca/ en barrio Baixa. /Fue calle abajo:/ por hoy libró la muerte/ Pessoa al paso”.