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Jueves , 18.04.2019 / 17:04 Hoy

El camaleón peripatético

La masacre de los inocentes

Luis Miguel Aguilar Camín

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Van —le digo al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo—fragmentos de un texto más largo. Viene en For the Time Being. A Christmas Oratorio (1944), escrito por el poeta inglés W. H. Auden. Es el monólogo de Herodes en esa parte del oratorio, “La masacre de los inocentes”.

***

(Esta mañana) vino a verme un trío con una mueca de éxtasis en sus caras de estudiantes. “Dios ha nacido”, gritaban, “lo hemos visto con nuestros ojos. El Mundo está a salvo. Nada más importa”. No se necesita ser un psicólogo para darse cuenta de que si este rumor no es aplastado ahora mismo, en unos cuantos años puede enfermar al Imperio entero, y no se requiere ser un profeta para predecir las consecuencias si tal ocurre. […]

La Razón será reemplazada por la Revelación. En vez de la Ley Racional, las verdades objetivas perceptibles para cualquiera que se someta a la debida disciplina intelectual, y la misma para todos, el Conocimiento degenerará en un tumulto de visiones subjetivas: sentimientos en el plexo solar inducidos por la mala alimentación, imágenes angélicas generadas por las fiebres o las drogas, sueños proféticos inspirados por el sonido del agua al caer. Cosmogonías enteras serán creadas a partir de algún olvidado resentimiento personal, épicas completas se escribirán en lenguajes privados, los garabateos de los niños del kínder serán puestos por encima de las grandes obras maestras. […]

Apartada de su flujo normal y saludable en el patriotismo y el orgullo cívico o de familia, la necesidad de las Masas de tener algún Ídolo invisible al que adorar tomará cauces totalmente antisociales adonde ninguna educación tendrá alcance. Se rendirán honores divinos a teteras, hoyos poco profundos en la tierra, nombres sobre los mapas, mascotas, molinos en ruina. […]

La Justicia será reemplazada por la Piedad como la virtud cardinal humana, y todo el miedo al castigo se desvanecerá. Cualquier muchacho de la esquina se congratulará a sí mismo: “Soy tan pecador que Dios tuvo que bajar personalmente a salvarme. Debo estar bien cabrón”. Todo bandido discurrirá: “Me gusta cometer crímenes. A Dios le gusta perdonarlos. De veras que el mundo tiene un orden admirable”. Y la ambición de todo joven policía será asegurar que se arrepientan en el lecho de muerte. La Nueva Aristocracia consistirá tan solo en ermitaños, vagos e inválidos permanentes. El Diamante en Bruto, la Puta Tuberculosa, el bandolero que es bueno con su madre, la muchacha epiléptica que trata bien a los animales serán los héroes y las heroínas de la Nueva Tragedia cuando el general, el estadista y el filósofo se vuelvan el blanco de toda farsa y sátira.

Naturalmente no puede permitirse que esto se dé. La civilización debe salvarse así esto signifique echar mano de los militares, como supongo que se requiere. Qué funesto. ¿Por qué ocurre que al final la civilización siempre debe llamar a estos mete-en-cintura profesionales a los que les da igual si las órdenes que reciben son para exterminar a Pitágoras o a un loco homicida? Caray, ¿por qué este infeliz niño no se fue a nacer a otra parte? ¿Por qué la gente no es sensata? No quiero ser horrible. ¿Por qué no pueden ver que la noción de un Dios finito es absurda? Vaya que es absurda. Y supongamos, nomás por conceder, que no es absurda, que esta historia es verdad, que este niño es de un modo inexplicable tanto Dios como Hombre; que crece, vive, y muere, sin cometer un solo pecado. ¿Haría eso una vida mejor? Por el contrario; la haría mucho, mucho peor. Porque solo querría decir esto: que una vez que les ha mostrado cómo, Dios esperaría que todo hombre, sin importar su fortuna, llevara una vida sin pecado en la carne y sobre la tierra. Ahí sí que la raza humana se zambulliría en la locura y la desesperación. Y para mí personalmente en este momento significaría que Dios me ha dado el poder de destruirlo a Él mismo. Me niego a que me metan en esto. Él no podría jugarme una broma tan horrenda. ¿Por qué yo le caería tan mal? He trabajado como un esclavo. Pregúntenle a quien gusten. Leo todos los despachos oficiales sin saltarme uno solo. He tomado clases de elocución. Casi nunca he aceptado sobornos. He tratado de ser bueno. Me lavo los dientes todas las noches. No he tenido sexo durante un mes. Me opongo a esto. Soy un liberal. Quiero que todos sean felices. Ojalá yo no hubiera nacido.

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