Aparece (The Blizzard, # 59) una biografía del futbolista Garrincha. Dice el artículo que a su muerte a los 49 años en 1983 miles se reunieron para darle la última mirada al ídolo antes de que lo enterraran. Luego, la leyenda. “Las leyendas son intachables. No beben, no golpean a las mujeres, no intentan suicidarse”. Una imagen: Garrincha se ahoga con una botella de coñac para ahogarse luego en el agua de la tina llena. Su esposa la cantante Elza Soares ha vuelto temprano de una tocada. Al oír el silencio en el baño, rompe la puerta. Justo a tiempo. Era la segunda vez que evitaba el suicidio de su pareja, el mejor driblador del mundo.
~Unas orquídeas se dieron muy bien en mi casa y florecen cada cierto tiempo. En casa de mi hijo florecen otras. Al consultorio de mi hija le llevaron otras más. Curioso. Todas comparten algo: dentro de ellas guardan una mascarita de jaguar supongo que para el ahuyentamiento de atacantes.
~En todo mi entorno hay sonidos de sierra derribando palmeras muertas. Cuando partes de sus troncos caen sobre la calle, todo retumba. Los aserradores se dan el lujo de cortar bloques a la medida de un taburete y sentarse en ellos para descansar y comer algo. Cuando se van y se abre el paso en las calles, y ya que retiraron las palmeras vueltas basura, sobre el camellón sólo quedan tocones al ras y enarenados por un tristísimo aserrín de palmera.
~Por la pantalla vuela un halcón sobre el cielo. La cámara se acerca a una cueva donde tiembla una familia de suricatas. Pienso que dirían: “Movemos nuestras narices para que la adversidad quede al menos debidamente olfateada”.
~Al amanecer veo un anuncio televisivo del Abierto de Australia. El tenista Novak Djokovic pulsa la raqueta, se la pone al hombro y simula sobre ella la pasada de un arco de violín. Horas más tarde rumbo al trabajo veo en acción a un dúo huasteco. El violinista lleva en la espalda un estuche de raqueta marca Wilson. Lo de Djokovic es un buen gracejo; lo del violinista es pura poesía.