El diccionario define la palabra “pretexto”, como “Motivo o causa simulada o aparente que se alega para hacer algo o para excusarse de no haberlo ejecutado”, pero tratándose del comportamiento humano, más allá de la simple definición hay siempre un laberinto de interesantes condiciones psicológicas subyacentes, que nos dan una pista no solo de lo que hacemos, sino el porqué lo hacemos.
Así pues; de entrada podemos decir que en algún momento de nuestra vida, todos utilizamos algún pretexto para evadir una responsabilidad o evitar un castigo, sobre todo en la infancia, en la que todavía no hemos comprendido la relación directa y proporcional que existe entre derechos y obligaciones, es decir; a mayores derechos, mayores obligaciones y viceversa.
Esta idea es fácil de escribir o repetir, pero difícil de integrar a nuestra vida adulta, pues implica asumir responsabilidades que con frecuencia rebasan nuestra capacidad y es entonces que recurrimos a los pretextos para evitar reconocer nuestras fallas, carencias u omisiones, revelando así en el mejor de los casos, nuestra falta de madurez, o en otros peor aún, cuando el pretexto es el recurso de la cobardía, la pequeñez mental o la perversidad, usualmente enmascaradas tras la careta del cinismo.
Relata el checo Milan Kundera en: “La insoportable levedad del ser”, la anécdota en la que al cobrar una deuda de 50 marcos, Beethoven escucha decir a su deudor: “Es muss sein?” (¿Debe ser?), a lo que el músico responde: “Muss es sein! (¡Debe ser!).
La germánica sonoridad de ambas frases, de momento simples e intrascendentes, seducen su oído musical y se impregnan en la memoria del compositor teutón, para luego expresarlas como reflexivas notas y voces en su Cuarteto de cuerdas N° 16, en el que con acordes lentos y tímidos pregunta:
Es muss sein?, para luego con velocidad y fuerza responder: Muss es sein!
Con excepción de algunas psicopatías, todos sabemos lo que significa “Muss es sein!” y distinguimos cuando lo cumplimos o incumplimos y en eso radica la auténtica honestidad.
Sí, yo tengo mis pretextos preferidos, ¿y Usted?