Corrían los años 90’s del siglo pasado cuando una fresca y tempranera mañana de primavera, enfrascado en mis pensamientos entré a la acogedora y cálida cocina de la vieja casona, que aún existe, en la que crecí y aprendí a vivir, pues supongo que sepámoslo o no, vivir es para todos, un aprendizaje que en mayor o menor medida asimilamos, conforme a la etapa que vivimos. Infancia, niñez, adolescencia, juventud, adultez o vejez; cada una con sus propias y personalísimas fantasías, retos, ilusiones, limitantes y desengaños.
Desde algún sitio más allá del yermo terreno trasero al que familiarmente llamábamos “el corral”, (porque allá iban a dar los pollos, chivos, elotes y otras muestras de agradecimiento de pacientes a quienes mi padre no cobraba la consulta médica), llegaba una pegajosa melodía que con el inconfundible ritmo caribeño del vallenato, acompañaba unas voces que en esa bella versión del castellano que es el colombiano cantaban:
“Los caminos de la vida, no son como yo pensaba, como los imaginaba, no son como yo creía…”
Y ahí, quietamente sentada, acunando el mentón sobre su mano izquierda y el brazo apoyado sobre la mesa, estaba mi madre, cuya reflexiva expresión en su clara mirada color miel, parecía revivir desde lo profundo de sus recuerdos sus vivencias de ochenta y más años.
Hola, ¿en qué piensas? Le dije cautelosamente, cuidando de no ser abrupto en la interrupción de sus pensamientos, pero intrigado por lo inusitado de su interés por una letra y música tan ajenas a su época y gustos, pensaba yo.
No supe entonces comprender y tal vez hasta ahora con mis siete décadas vividas, recién empiezo a captar esa paradójica condición de la vida, de que empezamos a tomar conciencia de lo aprendido, cuando nuestro tiempo se va reduciendo cada día más rápido, lo que con frecuencia nos lleva a revalorar no solo lo vivido, sino también aquello que dejamos de vivir.
No me contestó y no insistí, cada quién tiene el derecho de conservar para sí mismo los pormenores de su historia.
Quizá la respuesta estribe en el último verso de la canción: “Y no encuentro la salida”.