Como él mismo Víctor lo aclaró, sus palabras no habían sido previamente preparadas, sólo surgían en forma franca y espontánea como suele suceder cuando embargado por la emoción, un niño trata de describir algo que recién ha descubierto y cuyo conocimiento le ha impactado profundamente.
Pero Víctor no es un niño, ni un poeta, ni un filósofo, que es lo que todos somos cuando somos niños, por lo que su pequeño discurso no tendría por qué ser de otra manera.
No, Víctor J. Glober de 49 años, capitán de navío de la Armada de los Estados Unidos y piloto de pruebas y astronauta de la NASA, es quien se encargó de tripular la nave Artemis 2, en su viaje de ida y vuelta a La Luna, incluida una circunvolución a Selene por el mismo boleto de “viaje redondo”, en una misión espacial de sobrevuelo lunar del programa Artemis, liderada por dicha agencia espacial.
Como es de suponer, más allá de la sola responsabilidad que ese puesto implica, ocupar dicho cargo requiere haber calificado para ello mediante un largo proceso de aprendizaje técnico-científico, así como de la correspondiente capacitación teórico-práctica.
Si, seguramente por su profesión y oficio, Víctor debe tener un perfil de personalidad técnica y pragmática, acostumbrado a tomar decisiones rápidas y objetivas en situaciones críticas, todo ello por encima de las emociones que en esos casos suelen obstaculizar más que auxiliar.
Pero aún para esos bio-tipos de personalidad, las perspectivas cambian cuando se está a 384,000 kilómetros de distancia de aquello que se observa, sobre todo cuando lo que se observa es “nuestra propia casa”.
Así palabras más palabras menos dijo Víctor: Desde “este lugar increíble”, “donde todo este vacío es un montón de nada”, “la perspectiva de ver la tierra me hace pensar una sola cosa”, nosotros estamos aquí en una nave espacial y ustedes en la Tierra están en otra, “una nave donde podemos existir juntos”.
Todo es cuestión de perspectiva, decía Federico Nietzsche. Ojalá algunos líderes mundiales pudieran ir a la luna y cambiar su manera de ser y de pensar, ¿y si no cambiaran?… ¡pues dejarlos allá!