Amanecía apenas y escasamente unos pocos rayos de sol lograban atravesar la plomiza neblina que hasta donde alcanzaba la vista, se asentaba como una pesada manta sobre el ancho y nevado valle.
Cien metros más arriba en la rocosa montaña y a resguardo de los depredadores, en un rincón de la cueva Koorm se revolvió entre el montón de pieles que le servían de lecho, había dormido poco pues repetidamente lo había despertado la persistente tos del más pequeño del grupo.
Aunque a todos les preocupaba, sabían que el crío tal vez no pasaría otra noche, su afección no había respondido al tratamiento con hierbas y la muerte de los menores no era rara en un medio hostil tan difícil y peligroso.
Sin pensarlo más Koorm se levantó, la carne de bisonte estaba por terminarse y debían salir a cazar.
Apenas ayer, con una técnica perfeccionada durante los últimos 250,000 años, habían terminado de partir y aguzar varias piezas de pedernal, que con resina de arce y amarradas sobre unas varas, a manera de lanzas les habían convertido en exitosos cazadores y así sobrevivir a las duras condiciones de su mundo, que hoy conocemos como “Era del Hielo”.
Con su limitado y rudimentario pero efectivo lenguaje, Koorm despertó a quienes saldrían a buscar el sustento del grupo, los viejos y los pequeños se quedaban en la cueva mientras las hembras llevaban a cabo funciones bien definidas y preparaban los alimentos.
Era uno de los muchos grupos de neandertales que durante 300,000 años y hasta hace 50,000 años vivieron en el territorio de Eurasia.
Su especie pertenecía al género humano y por la forma de su cráneo y sus cavidades bucales, podían hablar y escuchar como hoy lo hacemos, tenían rituales y entre ellos podían practicar el altruismo y sabían convivir con otros neandertales.
Su pensamiento llegó a ser simbólico y según los arqueólogos se extinguieron con la llegada y expansión del “Homo Sapiens”.
La idea de una fusión entre ambas especies es solo una hipótesis, seguramente la hubo, pues para los humanos, eros ha sido desde siempre un duende travieso que tiende los caminos para el sexo.