En los siete años que lleva en el poder, la 4T ha logrado avances relevantes en las condiciones de los trabajadores formales. El problema es que se ha concentrado mucho más en mejorar el empleo existente que en crear nuevos empleos formales o reducir la informalidad. Peor aún: varias de sus políticas han encarecido el costo de operar dentro de la legalidad sin un correspondiente aumento en la productividad.
Gracias a la 4T, es cada vez más atractivo trabajar en la formalidad. El sueldo mínimo se ha multiplicado en términos reales, las pensiones han mejorado, los días de vacaciones han aumentado y la jornada laboral semanal está en proceso de reducirse.
Sin embargo, estos logros no han venido acompañados de una creación de empleo formal ni de más productividad. La Presidenta anunció con orgullo que el número de trabajos formales está en máximos históricos. No es falso, pero sí engañoso. Es natural que esta cifra crezca de manera casi automática por la simple inercia económica y demográfica. La pregunta relevante no es si hoy hay más empleos formales que antes, sino si se están creando los suficientes para absorber a quienes buscan trabajo. Y la respuesta es no.
Cada año, más de un millón de jóvenes ingresan al mercado laboral. En 2025 la creación total de nuevos empleos formales fue de apenas 213 mil. Además de insuficiente, esta cifra esconde un detalle clave. El año pasado, el gobierno obligó a las plataformas digitales a registrar a sus trabajadores en la seguridad social. La medida fue, en mi opinión, positiva, pero estos eran empleos que ya existían y que solo se reclasificaron. Si se descuenta este efecto contable, la creación neta de empleos formales se reduce a poco más de 70 mil, el nivel más bajo en dos décadas, excluyendo el año de pandemia.
Es evidente que todos quisieran un empleo formal. El problema es que la economía no los está generando al ritmo necesario. ¿Por qué? Arriba de la lista está la falta de inversión y, como consecuencia directa, la falta de crecimiento económico. A esto se suma que la formalidad se ha encarecido. Para las empresas, los mayores costos relacionados con las mejores condiciones laborales no han venido acompañados de aumentos equivalentes en productividad. El resultado son menores incentivos para contratar más trabajadores dentro de la legalidad.
De aquí que la informalidad haya crecido en los años que ha gobernado la 4T. Cuando López Obrador llegó al poder, la economía informal representaba 22.8% del PIB. Al cierre de su sexenio subió a 25.4%. Hoy cerca de 33 millones de mexicanos laboran en la informalidad, más de la mitad de la población económicamente activa.
Son malas noticias para México. La informalidad es mucho menos productiva que la formalidad y aporta menos impuestos. Mejorar las condiciones laborales es positivo, pero sin mayor inversión, crecimiento y creación de empleo formal, su impacto será limitado y desigual.