Es una pena lo que está pasando con la educación en México. Mientras el mundo debate cómo adaptar sus sistemas escolares a la irrupción de la inteligencia artificial, aquí la conversación pública giró alrededor de un director de Materiales Educativos atrincherado durante cinco días en su oficina de la SEP para resistirse a su despido. Paradójicamente, este vergonzoso episodio puede marcar un punto de inflexión para modernizar la educación del país. El problema es que los primeros indicios no son alentadores.
En un contexto en el que nuestro sistema educativo arrastra un rezago evidente (aunque hoy más difícil de medir tras la desaparición de los organismos de evaluación), la salida de Marx Arriaga abre una ventana para reorientar la política educativa. Durante el sexenio pasado, el currículo recibió un marcado sello ideológico bajo el paraguas del llamado “humanismo mexicano”. Los nuevos libros de texto privilegiaron una narrativa política (la “revolución de las conciencias”) por encima del fortalecimiento técnico y científico.
Si esa apuesta ya era cuestionable antes, hoy, con la aceleración de la inteligencia artificial, resulta abiertamente suicida. Herramientas como ChatGPT están transformando la manera en que se aprende, se trabaja y se compite en la economía del conocimiento. La pregunta ya no es si la IA cambiará el mercado laboral, sino qué tan preparados estarán nuestros hijos para enfrentarlo.
No se trata de abandonar las humanidades, sino de ser realistas ante los desafíos laborales del futuro. Hay que enseñar matemáticas con rigor, fortalecer la comprensión lectora y desarrollar el pensamiento crítico. Hay que incorporar la alfabetización digital y científica como eje central, no como temas periféricos.
Sheinbaum parece, en teoría, bien posicionada para encabezar ese cambio. A diferencia de su antecesor, su formación es científica: licenciada en Física y doctora en Ingeniería Energética. Cuenta con las credenciales para imprimir un sello técnico a la educación nacional. La remoción de Arriaga fue una señal alentadora. Lo que vino después, no tanto.
Afirmó que “los libros de texto están bien”. El principal objetivo de la nueva responsable de Materiales Educativos es reconocer a las mujeres en la historia. Importante, sin duda. Pero en un momento de disrupción tecnológica global, me habría gustado escuchar con la misma claridad un compromiso con la modernización científica y digital del sistema educativo. Quizá se trate de prudencia política para evitar rupturas y el ajuste venga después. Ojalá.
La insubordinación pública de Marx Arriaga dejó, además, un mal ejemplo para los jóvenes y proyectó al exterior (diarios internacionales retomaron la noticia) una imagen poco seria de nuestro sistema educativo.
En un mundo en el que la IA redefine profesiones enteras, mantener intacto un modelo educativo cargado de ideología y débil en fundamentos técnicos sería un error histórico.