El 21 de mayo de 2024, el alcalde Román Alberto Cepeda González hizo el anuncio del proyecto de restauración del edificio donde funcionó fue la siempre bien recordada Secundaria y Preparatoria Venustiano Carranza, que después pasó a ser la Escuela Secundaria Juan de la Cruz Borrego.
En esos edificios, ubicados exactamente frente al bosque Venustiano Carranza, se daría paso a lo que él denominó Centro Cultural del Norte (CCN).
Ese mes, justo hace dos años, Román era alcalde y era candidato a repetir en el cargo más importante de la esfera política gubernamental del municipio.
Pasaron alrededor de 20 meses para que la obra iniciara. ¿Habrase visto algo así antes? Lo desconozco, aunque lo mejor es que ahora sí ya están trabajando en el lugar.
Aquel 21 de mayo RACG aprovechó todo para, en un evidente acto de proselitismo a favor de su candidatura priísta, poner en el ánimo del medio ambiente cultural, la parte política del tema y que su intervención fuese bien recibida, como lo fue.
Bueno, pues esta semana que termina, el pasado martes 28 de mayo, otra vez el alcalde repitió el montaje, llevó invitados de su partido, de la iniciativa privada y del ámbito cultural, se regodeó en la ya conocida parafernalia de eventos de este tipo y, ¿qué creen, amigos lectores?
Pues que lo hizo antes de que la veda electoral le impidiera, al menos en la legalidad, promocionar su gestión ante las elecciones del domingo 7 de junio.
Es obligado hacer el comentario, que no pase de lado ni de noche el apunte sobre un proyecto que, en general, ha sido aceptado por medio mundo, si bien faltará siempre ver cómo evoluciona no solo la obra física (idea, diseño, calidad de materiales, funcionalidad y término y entrega de la remodelación), sino lo que hay, ya, alrededor del CCN (insisto en que le falta un nombre que le otorgue identidad, y que seguramente lo vestiría de homenaje al reconocer y honrar a aquella mujer u hombre que en hizo del arte y la cultura su misión de vida a favor de la ciudad y sus habitantes.
Por citar ejemplos: el Teatro Isauro Martínez, el Museo Arocena y hasta el mismo Teatro Garibay.
La inversión en dicha obra, con recursos del erario, del público, pues, la ha establecido desde los 80 millones de pesos hasta los 200, y en medio otras cifras, incluso más altas. Según esto, es, o sería, una inversión multianual, ¿qué significa esto?
¿Cuántas notas más se publicarán para referir la obra? Porque las que se publican en todos los medios repiten lo mismo, y nada nuevo aportan al conocimiento cierto del Centro Cultural del Norte.
Esto, para mí como observador del quehacer cultural local y regional, en lugar de dar confianza siembra dudas.
El dinero para obras de gobierno (municipal, estatal o federal) ha servido para engrosar cuentas personales, ¿qué no?
Habremos de estar pendientes quienes deseamos que en Torreón, al menos el CCN, luzca desde este momento, su transparencia, se pueda medir sus tamaños en las diversas etapas hasta su puesta en marcha, y, fundamental, vital, que el alcalde sepa invitar a la persona idónea, preparada, con curriculum y trayectoria, con amplio recorrido y honestidad, a ocupar la dirección de una institución que, aunque vaya a ser parte de la estructura oficial municipal, irrumpa con inteligencia el trabajo en la materia.
Porque, en donde sea, ya se aprecian acciones, actividades, material videográfico, “grillas”, alianzas, chismes, levantadas de mano y rostros risueños, ruedas de prensa y apariciones metidas con calzador en eventos que no corresponden a sus espacios, para decir “aquí estoy yo”.
El trabajo cultural, con todo y sus asegunes, sus protagonistas mediáticos que lo inundan, sus poses, los grupos antagónicos, los apoyos selectivos, la crítica mordaz e irónica, la cerrazón y creencia de que cada quien lo que hace de manera excelsa, con círculos intelectuales o élites artísticas que controlan o gestionan la vida cultural de Torreón, no deja de lado una visión elitista asociada a exquisiteces de pensamiento muyyy conservador y hasta reaccionario.
Propongo que, quien vaya a ser invitada o invitado a dirigir el CCN, pase por un filtro ciudadano (liberal, consciente de la importancia del arte y la cultura) que sirva para que desde el primer día, muestre y demuestre ser competente, diseñe y ejecute –con un equipo que lo haga fuerte- un plan de trabajo acorde a la realidad de lo que la ciudad tiene, pero que también le pueda ofrecer; que sea amplio gestor de ene cantidad de apoyos y relaciones, que articule tanto a egos como a talentos para detectar, promover y desarrollar el trabajo en el área, que sea un (a) apasionado y comprometido director (a) de cultural.
A ver si Román Alberto es capaz de dejar, no una placa con su nombre en el Centro Cultural del Norte, sino un legado que enorgullezca a la actual y futuras generaciones, en un tema esencial para que Torreón recobre su dignidad y construya una mejor ciudadanía.