No es de sorprender que todavía no se conozcan a las Fuerzas Armadas en este país; no lo es, porque muchos de los que se han interesado en conocerlas solo lo hicieron desde afuera, nunca se interiorizaron y generaron un juicio de valor apresurado y hasta arrebatado en torno de lo que realmente son las y los soldados de tierra, mar y aire.
La presencia de soldados y marinos en las calles de nuestro país ha sido cotidiana y permanente desde hace 20 años. Dos décadas donde además de la presencia física para todo lo relacionado a seguridad se ha generado una verdadera apertura entre la sociedad y sus Fuerzas Armadas a todos los niveles.
Dos décadas donde se ha generado conocimiento y relacionamiento constante tanto de un lado como del otro.
Ya no debería ser normal que algunos analistas insistan en que los cambios en los altos mandos del Ejército o la Marina tienen por fuerza un componente político o de otra índole que no sea el estrictamente militar.
Ahora resulta que para algunos periodistas y analistas los cambios a partir del 1 de febrero en los altos mandos del Ejército son por decisión del Comando Norte de Estados Unidos. Lo anterior es totalmente alejado de la realidad y de cualquier lógica institucional.
Dentro de las Fuerzas Armadas existen leyes y reglamentos que justamente las fortalecen ante cualquier presión externa, y ni pensar siquiera en una injerencia de su esquema organizacional desde el extranjero.
Se han gastado cualquier cantidad de espacios digitales (para ya no decir “chorros de tinta”) advirtiendo la posible incursión de soldados americanos para llevarse objetivos criminales en nuestro territorio, lo que por muchas razones no sucederá.
La gran mayoría de los análisis y comentarios sobre Fuerzas Armadas en México se hacen desde la seguridad que les otorga la ignorancia hacia las mismas.
La reunión de ayer en Washington entre autoridades de seguridad y defensa de México y Estados Unidos es la prueba de que las relaciones se encuentran en un momento de estrecha colaboración y trabajo mutuo. Los detalles de la reunión bilateral por obvias razones no serán del dominio público, sin embargo, la presencia ayer del general Ricardo Trevilla Trejo, del almirante Raymundo Morales Ángeles y de Omar García Harfuch es esencial por los resultados que la estrategia de seguridad mexicana está generando.
El jueves pasado, la entrega y detención en México del narcotraficante Ryan Wedding, canadiense por quien el gobierno americano ofrecía una recompensa de 10 millones de dólares, fortaleció por mucho la relación entre ambos gobiernos.
Desde hace dos décadas, muchos han intentando que las Fuerzas Armadas caigan en lo afectante del juego político —la política real es otra cosa— sin tener éxito, es decir, años y años donde se le ha dado a la acción militar y naval, miles de interpretaciones que han ido de lo inexacto hasta lo ridículo; se ha llegado hasta el exceso de asegurar en su momento, quiénes serían los siguientes secretarios de la Defensa y de Marina, donde por supuesto se han equivocado lastimosamente.
Más allá, quien trate de minimizar o soslayar la relación militar y naval entre México y Estados Unidos no conoce los años de grandes esfuerzos para su construcción entre ambas partes.
Las Fuerzas Armadas hacen lo suyo y nada más.
Ni más, ni menos.
¡Siempre leales!