Al momento de escribir este texto, todo se ha analizado en torno a la situación de Nicolás Maduro. La violación a la soberanía venezolana, la detención en todo su antecedente y formas; la amenaza que representa para otros países latinoamericanos comenzando con Colombia y terminando en México.
Nuestro país mantiene características y realidades completamente diferentes a las de cualquier otro país de América Latina. Por más que el discurso de Donald Trump siga siendo disruptivo y contundente en función de las posibles siguientes acciones a países que mantienen relación directa con grupos criminales, México ha hecho una labor estratégica en materia de seguridad nacional ligada a la de Estados Unidos y, como se ha insistido en este espacio, la relación real entre ambos países, operativa y estratégicamente hablando, tiene un resultado muy diferente a la del discurso político del presidente americano y su gobierno.
Claudia Sheinbaum no es ni de lejos Nicolás Maduro. Este gobierno ha atendido las necesidades de seguridad interior, en primer lugar, por la urgente necesidad de hacerlo para el país y para los mexicanos. Esta estrategia de seguridad mexicana ha colaborado, en gran medida, en las necesidades fronterizas de ambos países; también ha detenido importantes objetivos prioritarios que han impactado de manera importante para la situación de trasiego de drogas y generación de violencia en la Unión Americana.
Efectivamente falta mucho por hacer. México seguirá con la estrategia de seguridad que se planteó desde el inicio de esta administración y Estados Unidos, de manera interna, debe continuar sus esfuerzos en contra de las adicciones y de la recuperación social que lleva a las mismas.
Para los secretarios de Defensa y Marina el objetivo es claro y permanente, ya que los soldados de tierra, mar y aire, así como los guardias nacionales, representan a la institución con la mayor fortaleza nacional y, por donde se quiera analizar, esa es justa la razón por la que nuestra soberanía y dignidad nacional están seguras.
Los objetivos de Estados Unidos son los mismos que los de México. Las comparaciones más que inútiles son estériles en ese sentido, ya que la Presidenta ha mantenido un intercambio con Trump, que rebasa en la realidad y en la práctica cualquier intento por desestabilizar al gobierno mexicano; al contrario, en los hechos nada tienen que reclamar en materia de cooperación bilateral.
Para Estados Unidos, la Presidenta de México es una aliada que demostró desde el principio de su gobierno el golpe de timón en materia de seguridad, lo que de suyo elimina amenazas a nuestro país, como las cumplidas al gobierno venezolano.
El nuevo pensamiento estratégico de Estados Unidos en seguridad, presentado hace dos meses, es acorde a la geopolítica y geoestrategia que se comparte con México y con sus instituciones, sobre todo, con el Instituto Armado.
Las fuerzas armadas mexicanas, así como la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, han trabajado de la mano, con sus pares estadunidenses, amén de los resultados que internamente este gobierno ha obtenido, como la disminución significativa de los homicidios dolosos.
No hay espacio para distraerse en amenazas imaginarias, más bien se deben seguir cerrando filas en torno de la seguridad y tranquilidad de los mexicanos.
Cabo de Guardia
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