La reforma electoral no va a pasar. Sheinbaum la presentó sabiéndolo.
Quien estuvo cerca del proceso de diseño de la reforma sabe que la Presidenta enfrentó una disyuntiva: presentar una reforma descafeinada, que pretendiera cambiarlo todo para dejar todo igual, o presentar una reforma que reflejara la verdadera visión de la Presidenta, pero que fuera rechazada por el Verde y el PT. Escogió la segunda.
El objetivo de presentar una reforma que nació muerta, según dijo Sheinbaum públicamente, fue hacer que el Verde y el PT quedaran evidenciados ante los votantes, quienes, según sugirió la Presidenta, rechazarían la postura de ambos partidos.
La realidad es mucho menos romántica.
La Presidenta presentó la reforma electoral como señal de que la alianza Morena-Verde-PT ha terminado. No se trata de que los votantes “se darán cuenta” de que el Verde y el PT no valen la pena, sino de que Morena, estratégicamente, dejará de movilizar a sus simpatizantes para apoyarlos.
Ambos tendrán que adquirir votos por cuenta propia y probar, si es verdad, que tienen la fuerza que creen. Ensoberbecidos, el Verde y el PT no han tomado nota, pero esta decisión presidencial es un balde de agua fría para ambos.
Tanto el Verde como el PT han crecido, en gran medida, gracias a la triangulación de votos de Morena hacia ellos. El modelo de triangulación (diseñado originalmente por Mario Delgado) consistió en instruir a los votantes de Morena a apoyar, en algunos distritos, al Verde y al PT, con el fin de construir una supermayoría utilizando estratégicamente la fórmula de asignación de curules.
El “modelo Delgado” tenía la virtud de maximizar el tamaño de la coalición de Morena, pero el enorme problema de volver dependiente a Morena de un partido mercenario y sin escrúpulos (el Verde) y de otro con agenda propia (el PT). Es decir, el “modelo Delgado” era una trampa: un espejismo que hacía ver a Morena como ganador cuando, en realidad, lo había debilitado.
Ese modelo fue efectivo para pasar la batería de reformas que dejó Obrador, pero hizo agua ante cualquier cambio de fondo que buscara depurar a la clase política de políticos corruptos y sin escrúpulos. Atascó la transformación política del país al darle poder de veto a partidos que viven, crecen y se han desarrollado gracias a los vicios del sistema de partidos.
Por eso, la presentación de la reforma electoral que hoy hace Sheinbaum es un parteaguas en la historia del partido. No porque la reforma en sí sea relevante o vaya a ser aprobada, sino porque marca el inicio de una estrategia distinta para el partido. El “modelo Delgado” ha muerto.
En el nuevo modelo, el “Modelo Sheinbaum”, Morena intentará ganar la mayor cantidad de curules por sí sola (un máximo de 300, según la legislación actual) y fijará su objetivo en conseguir el apoyo de 34 diputados adicionales para aprobar reformas.
Las negociaciones con estos 34 diputados no se harán con las cúpulas, sino con las personas en lo individual. Morena tiene mucho con qué convencerlos. El “Modelo Sheinbaum” permitirá deshacerse de políticos corruptos con mayor rapidez y podrá purgar al partido gobernante de sus cuadros más tóxicos.
Implementar este nuevo modelo requiere un nuevo liderazgo dentro de Morena, alguien con mayor capacidad para llegar a acuerdos, más experiencia en la política legislativa y en la movilización local. Vienen cambios de alto calado dentro del partido.
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