A los fiscales que enfrentan presión mediática deberían enseñarles a meter el cerebro al refrigerador.
Es de novatos, en un contexto así, correr a dar explicaciones, encontrar culpables, concluir hipótesis y cerrar la investigación.
Sin embargo, una y otra vez las fiscalías mexicanas cometen el mismo yerro, fácilmente detectable porque sus teorías, cuando han sido formuladas con prisa, es porque se basan en una confesión conseguida mediante tortura.
Es altamente probable que tal cosa esté ocurriendo de nuevo en el caso del feminicidio de Edith Guadalupe Valdés Zaldívar, asesinada entre la tarde del miércoles 15 y la madrugada del jueves 16 de abril.
En contraste con la tardanza para tomarse en serio la denuncia, una vez que la familia de Edith se puso a investigar por su lado, la fiscalía de la Ciudad de México se apresuró a ofrecer una narrativa prácticamente concluyente del caso.
La chica habría llegado hacia las 5:00 pm del miércoles al edificio Murano, ubicado en avenida Revolución 829. Luego habría ingresado a la caseta de vigilancia, donde el joven de 24 años, Juan Jesús Morales —guardia de seguridad del inmueble— la golpeó y la atacó con un arma punzo cortante (un desarmador) que le arrebató la vida.
De acuerdo con un comunicado de la fiscalía, existen “indicios biológicos … que permiten establecer con solidez la probable participación (del guardia) como autor material del feminicidio”.
El principal problema de esta hipótesis es que la familia de Edith no le cree a la fiscalía encabezada por Bertha Alcalde. Afirman que este muchacho podría ser un chivo expiatorio utilizado para encubrir a los verdaderos responsables del crimen.
Acusan también que Edith pudo en realidad haber sido convocada con mentiras por una red de trata que operaba en el inmueble.
En el mismo sentido se ha expresado la familia del presunto delincuente. De acuerdo con su padre y su abogado, el joven fue lesionado para conseguir una confesión inculpatoria. Para reforzar la teoría de la red de trata, el representante de Juan Jesús compartió un video donde se observa con nitidez a un hombre de lentes, de unos 50 años, acosar a una jovencita dentro del elevador del edificio Murano.
Zoom: Bien podría el joven Juan Jesús Morales ser un chivo expiatorio, o bien alguien que sabe más cosas de las que hasta ahora han sido informadas por la autoridad. En cualquier caso, la fiscalía debería tomarse con mayor serenidad sus investigaciones.