La decadencia del mandatario de Estados Unidos se ha vuelto evidente. En semanas recientes se ha confrontado con todo el que alguna vez lo apoyó.
Con su base evangélica y religiosa. Compartiendo una imagen de sí mismo retratado como Jesucristo, que fue interpretada por grupos religiosos como una blasfemia. Y por sus críticas al papa León XIV, a quien calificó como “débil” y “pésimo en política exterior”.
Con los comentaristas de la ultraderecha estadunidense. Argumentando que Tucker Carlson, Megyn Kelly, Candace Owens y Alex Jones, famosos periodistas conservadores, tienen bajo coeficiente intelectual. Y escribiendo una larga diatriba personal contra cada uno de ellos en redes sociales.
Con el votante MAGA. Comenzando una guerra con Irán que no solicitaron, que tiene apenas el 41% de apoyo entre los estadunidenses y que traiciona el no intervencionismo bélico que Trump mismo prometió.
Con los dirigentes de la Europa conservadora. Acusando a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, de no tener “el coraje” para apoyar su estrategia en Irán luego de que esta suspendiera la renovación de un acuerdo de cooperación militar que tenía con Israel y defendiera a León XIV.
Con miembros clave de su gabinete. Pidiendo la renuncia de personalidades como Pam Bondi, exfiscal general, y Kristi Noem, exsecretaria de Seguridad Nacional, a pesar de que ambas le fueron leales, incluso poniendo sus propias carreras en riesgo.
Con quienes le dieron un voto de confianza a Trump, indignados por las alzas en precio que ocurrieron durante el sexenio de Biden. Aumentando la inflación y el costo de los energéticos por medio de su cierre total del Estrecho de Ormuz. La cual, por cierto, ni siquiera promete ser efectiva terminando el conflicto con Irán.
E incluso, con los mercados que, hasta hace poco, solían experimentar aumentos o caídas estrepitosas en respuesta a los mensajes de Trump, pero que ahora son cada vez menos reactivos. Los inversionistas han ido forjando la idea de que Trump ni hace lo que dice, ni dice lo que hace.
Lo increíble es que casi todas estas confrontaciones encuentran su raíz en Irán. Trump lo sabe y es indiscutible que esto detona su ira. Sus comunicaciones públicas son cada vez más erráticas y su desequilibrio emocional más patente.
A este paso, Irán ganará la madre de todas las guerras. Que no es la guerra de Oriente Medio, sino la de lograr que el Partido Republicano pierda las elecciones intermedias de Estados Unidos.
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