Si alguno de los lectores de Gil alberga (ya, en serio) alguna duda de los lugares a los que pueden llegar los tentáculos del narco (¿siguen?), aquí les va una probada que debería despertar a los funcionarios de la Fiscalía que ahora toman la siesta y a los lectores a subir las antenas porque la cosa es mucho más seria de lo que imaginábamos.
Gil pensó que no se sorprendería, pero sí se sorprendió, El Mencho dejó una estructura financiera que le permitió generar una fortuna de mil millones de dólares, según estimaciones de la administración de la DEA en 2019. Así lo leyó Gilga en su periódico El Financiero. Cuatro años antes, las autoridades estadunidenses empezaron el rastreo de millones de dólares generados por el CJNG a partir de actividades delictivas: producción y venta de drogas, extorsión, cobro de piso y en fon, más de todo.
Una de las estafas que quedó al descubierto fue Kovay Gardens, un complejo turístico de tiempo compartido en Puerto Vallarta.
No dejaría de ser una ironía de los tiempos que corren que Gilga se haya hospedado alguna vez en un resort del Mencho, y que haya comido en un gran restorán del Mencho, y que haya comprado en tiendas del Mencho.
Con la fachada de un resort, el CJNG montó un centro de llamadas clandestino donde contactaba a ciudadanos estadunidenses, en su mayoría adultos vulnerables para ofrecer supuestas reventas, rentas o inversiones.
Esto le preocupó mucho a Gamés: ¿Gil es un adulto mayor vulnerable? Ese fraude consistía en hacer que las víctimas pagaran cuotas por adelantado mediante transferencias a cuentas mexicanas: ese dinero se perdía para siempre.
Gilga iba a escribir: pues que güeyes, pero bien visto, estamos ante una empresa de estafa muy lejana de un grupo de narcos que trasiega droga y mata al que se atraviesa a su paso, se trata de una estructura sofisticada de estafa.
Este engaño le costó a unos 6 mil estadunidenses los ahorros de toda su vida. El FBI calculó que este fraude produjo unos 300 millones de dólares para las arcas del Mencho.
Otro negocito
La organización comandada por El Mencho también compitió con Pemex en la venta de combustibles... aunque con gasolinas robadas de los ductores de la empresa del Estado.
De acuerdo con autoridades estadunidenses, el CJNG mandó desde 2022 al menos 3 mil cargamentos de combustible robado de ductos de Pemex a sus socios James y Maxwel Jensen.
Los cargamentos salían sobre todo de Tamaulipas y, en las fichas que entregaban a autoridades aduaneras de ambos países, etiquetaban la mercancía como “desperdicios de aceites lubricantes” y “destilados de petróleo” para no levantar sospechas.
Cuando los buques llegaban a puertos estadunidenses, sus socios vendían el crudo y las ganancias regresaban a empresas fachada del CJNG. De ese modo, James Jensen ayudó a lavar alrededor de 47 millones de dólares, según autoridades estadunidenses. El esquema financiero tenía otra vertiente: desde Estados Unidos ingresaba de forma ilegal combustible de Texas para su venta en México. El CJNG aprovechó la corrupción de marinos y agentes aduaneros para el tráfico de hidrocarburos.
Gil tembló: entonces, ¿el huachicol fiscal también fue un negocio del Mencho? Ay, Dios, la cosa se pone cada vez peor.
Las minas
Gil no da crédito y cobranza. El escándalo por contrabando de combustible y la dimensión de su operación, uno de los negocios del CJNG que pasó desapercibido fue la minería. En julio de 2025, la Agencia de Investigación Ambiental (EIA) de Estados Unidos reportó que el grupo controlaba minas en los alrededores de La Plazuela, Querétaro, para extraer cinabrio, una roca que contiene mercurio.
El negocio consistía en exportar estas piedras sin procesar, mezcladas con grava, a Colombia y Perú, países donde la importación de mercurio está prohibida. La EIA señaló a Juan José Zamorano como responsable de la red de tráfico del metal tóxico y a Alejandra Pulido, ex diputada del PAN y pareja de Zamorano, como presunta cómplice.
Ahora mal sin bien: ¿y todas las redes de corrupción alrededor de estos negocios ilegales? Pues de momento nada. O sea, voltea usted en un restorán y tal vez vea a un hombre de negocios.
Todo es muy raro, caracho, Gil lo escuchó en el baño de un bar: “Ladrón que roba a cabrón, ¿mil años de perdón?”.
Gil s’en va