Quién hubiera pensado que el crecimiento poblacional e industrial de Nuevo León terminaría costándonos algo tan básico como la electricidad. La crisis energética que hoy enfrenta el estado no puede atribuirse únicamente al clima impredecible de nuestra región. No es ninguna novedad que en cuestión de horas podamos pasar de temperaturas extremas a tormentas intensas, condiciones que provocan saturación en la demanda de energía o daños en la infraestructura eléctrica.
Las contingencias registradas en los últimos días dejaron sin servicio a cientos de colonias del Área Metropolitana de Monterrey. Para atender la emergencia, la División de Distribución Golfo Norte desplegó 200 trabajadores, 42 grúas y 59 vehículos. Sin embargo, por más esfuerzo humano que se destinó, fue insuficiente para garantizar el restablecimiento total del servicio en un plazo razonable.
Al cuarto día de apagones, la desesperación llevó a ciudadanos a bloquear calles y avenidas para exigir una solución. Podrán cerrar vialidades como medida de presión, pero difícilmente podrán dejar de pagar el recibo sin enfrentar consecuencias, aun cuando el servicio que reciben sea deficiente. Y cuando la energía regresó, en muchos casos lo hizo de manera intermitente y con bajos voltajes.
En Nuevo León somos víctimas no del clima, sino de una inversión insuficiente y desproporcionada frente al acelerado crecimiento urbano y a una demanda energética que ya rebasó la capacidad de la red eléctrica. Así lo han advertido el Clúster Energético de Nuevo León y diversas cámaras empresariales, preocupados por el impacto económico inmediato. La pregunta es inevitable: ¿Con qué autoridad moral se invita a nuevas inversiones si ni siquiera existe garantía de suministro eléctrico?
Mientras tanto, en plena fiesta futbolera, resulta penoso que hoteles, restaurantes y otros servicios turísticos tengan que ofrecer disculpas a los visitantes o, peor aún, brindarles la experiencia de vivir como un regiomontano más en medio de la crisis energética: a la luz de las velas y soportando el calor.