Policía

Mataba por resentimiento

Cuando era niño, en su camino a la escuela, Yoo Young-Chul se detenía a contemplar una casa grande de gente adinerada. Sin embargo, él no anhelaba tener una mansión similar. Lo que él deseaba era castigar a los ricos por ser culpables de la miseria de la gente pobre.

Young-Chul nació en 1970 en el seno de una familia de clase obrera en el pueblo de Waha, en el condado Gochang, Corea del Sur. Su llegada a este mundo representó un problema para su familia, al grado que él señalaba que su madre consideró matarlo.

Su adolescencia y juventud se distinguieron por sus habilidades en el terreno de las artes, aunque cerca de cumplir 18 años ingresó por vez primera a un centro de detención y de ahí en adelante las entradas y salidas de prisión fueron constantes.

En 2000, los delitos menores quedaron atrás cuando Young-Chul vio que una adolescente de 15 años caminaba por un callejón solitario y decidió violarla.

Los tres años que estuvo detenido los dedicó a leer y estudiar un libro sobre Jeong Du-Young, un predador en serie que entre junio de 1999 y abril de 2000 asesinó a nueve personas adineradas en la provincia de Gyeongnam.

Al quedar libre en 2003, Young-Chul decidió entrenarse para castigar a los ricos. ¿Cómo? Apaleando perros y una vez que estaban indefensos en el piso, les destrozaba el cráneo con un martillo.

Decidió atacar por la mañana, porque es en ese periodo en el que la gente va a trabajar y las personas que se quedan en casa generalmente están solas.

La mañana del 24 de septiembre de 2003, entró a una iglesia y eligió a un hombre de la tercera edad que daba la apariencia de ser adinerado. Lo siguió hasta su domicilio. Minutos después, Young-Chul brincó la barda de la propiedad y caminó hasta donde dos ancianos charlaban despreocupadamente. El intruso se puso sus guantes y sacó un martillo de una bolsa de lona.

La pareja de ancianos fue sacrificada de forma brutal: a martillazos. No les robó ni un alfiler: su móvil y recompensa era la venganza.

Con ese modo de operar —buscar una iglesia, encontrar una casa de habitantes adinerados cerca, trepar el muro de la propiedad e ingresar a las habitaciones—, el criminal acabó con la vida de varios ancianos.

En noviembre de 2003 conoció a una prostituta con quien estableció una relación afectiva. Young-Chul decidió proponerle matrimonio pero fue rechazado cuando la mujer se enteró del copioso archivo penal de su pretendiente.

El rechazo convirtió a las prostitutas en su nuevo objetivo. El martillo fue sustituido por un puñal.

El hombre solicitaba vía telefónica jóvenes atractivas —“feas y viejas no sirven”, explicó—, quienes eran asesinadas a puñaladas en cuanto llegaban a la cita. Young-Chul no tuvo relaciones sexuales con ninguna de las prostitutas. Todas fueron decapitadas, destazadas en 18 partes y enterradas en una ladera cercana a un templo. A todas, el predador les extirpó el hígado, el cual fue devorado, acción que de acuerdo con el criminal servía para refrescarle la mente y el cuerpo.

La unión de proxenetas y policía llevó a la detención de Young-Chul, el 17 de julio de 2004. El hombre solicitó los servicios de una joven atractiva. El padrote en turno envió a la prostituta, quien llegó en compañía de la policía.

Young-Chul confesó más de 100 homicidios. Durante el juicio no mostró arrepentimiento y explicó que las prostitutas eran mujeres anormales y los ricos eran peores que perros.

Se le imputaron 20 asesinatos y espera turno en el corredor de la muerte en una prisión de Seúl.

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José Luis Durán King
  • José Luis Durán King
  • operamundi@gmail.com
  • Periodista; estudió en Historia en la UNAM y desde hace más de 20 años escribe la columna de periodismo negro “Vidas Ejemplares” en MILENIO los jueves cada 15 días. Autor de los libros Gentiles caballeros del terror, Vidas ejemplares. Asesinos en serie y De la región al mundo.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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