Podofilia o podolatría (según Wikipedia) es el fetichismo que tiene que ver con los pies. Mientras que el retifismo es la adoración por los zapatos de mujer, incluidas las botas y las medias.
Jerry Brudos era el tipo de hombre que adoraba los pies y los zapatos de las mujeres, tanto que en el garaje de su casa en Salem (Oregón) escondía dos pares de senos amputados que utilizaba como pisapapeles, así como un pie izquierdo de mujer que había pertenecido a Linda Slawson, una joven que tenía 19 años cuando fue asesinada en 1968 por el individuo.
La pieza amputada servía para modelar los zapatos de mujer que Brudos encontraba o robaba a su paso. La idolatría por los zapatos femeninos no terminaba con las sesiones de “modelaje”. Después de cada asesinato, Brudos calzaba zapatos de tacón alto y se masturbaba.
Fue a los cinco años cuando Brudos descubrió su fascinación por los zapatos de mujer y por la ropa interior femenina. Y de su deseo de mirar no escapó ni su esposa, a la que ordenaba hacer las labores hogareñas desnuda y con zapatos altos de tacón.
Al igual que Jerry Brudos, el asesino serial Dayton Leroy Rogers sentía atracción por los pies femeninos. Así lo dejó en claro al mutilar los pies de cuatro de las siete prostitutas que mató a las afueras de Molalla, Oregón, entre 1987 y 1989.
Muchas personas creen que el asesino John Wayne Gacy vestía disfraz de payaso cuando asesinaba. No es así. Sin embargo, Brudos mató al menos a una de sus cuatro víctimas vestido de mujer y con zapatos de tacón. Entre 1968 y 1969, el obsesivo hombre había estrangulado a cuatro mujeres jóvenes. El hallazgo de dos cuerpos en un río condujo a la detención de Brudos, quien fue condenado a tres cadenas perpetuas.
Aunque pareciera que lo es, el fetichismo de pies no es un trastorno, enfermedad o perversión, es una parafilia, es decir, “una atracción hacia objetos, situaciones, actividades o personas no convencionales para la excitación sexual”, de acuerdo con Wikipedia.
La atracción por los pies es mucho más común de lo que pudiera pensarse y, según un estudio realizado en 2007 por la Universidad de Bolonia, supera a la fascinación que despiertan las nalgas o los senos de las mujeres.