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La pasión por el futbol y la FIFA

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  • La pasión por el futbol y la FIFA
  • José Cruz Hernández Moreno

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El futbol no es solo un deporte; es una pasión global que trasciende fronteras, culturas y clases sociales. Millones de personas en todo el planeta lo viven con intensidad emocional, como una válvula de escape, un ritual comunitario y una fuente de identidad nacional. Desde los barrios de Río de Janeiro hasta las favelas de Lagos, pasando por las canchas improvisadas de Asia y los estadios modernos de Europa, el balón redondo genera euforia, lágrimas, esperanza y frustración. Un gol en el minuto 90 puede unir a una nación entera o sumirla en la desolación. Esta capacidad de emocionar radica en su simplicidad y universalidad: solo se necesita un balón y espacio para soñar.

La psicología explica parte de este fenómeno. El futbol activa un sentido tribal de pertenencia: los aficionados se sienten parte de algo mayor, compartiendo alegrías y efervescencia colectivas y expresando emociones que en la vida diaria a menudo se reprimen. Es terapia para muchos hombres —y cada vez más mujeres— que celebran, sufren y se abrazan con extraños en las tribunas. Partidos de ligas locales o la Copa del Mundo generan un drama impredecible, con héroes, villanos y narrativas épicas que rivalizan con cualquier telenovela. La pasión se hereda: padres que llevan a sus hijos a la cancha transmiten no solo reglas, sino valores de esfuerzo, lealtad y superación. En países como Argentina, Brasil, Inglaterra o España, el futbol es casi una religión secular.

Esta fascinación masiva ha convertido al futbol en una industria colosal. El mercado global del soccer (equipos, eventos, equipamiento) se valora en decenas de miles de millones de dólares y sigue creciendo. Solo las grandes ligas europeas, lideradas por la Premier League inglesa, generan miles de millones anuales en derechos de televisión, patrocinios y comercialización. El buró Deloitte Football Money League reporta que los 20 clubes más ricos superaron los 12,400 millones de euros en ingresos en una temporada reciente.

Ahora bien, en el centro de esta maquinaria está la FIFA, la Federación Internacional de Fútbol Asociación, que gobierna el deporte a nivel mundial. Aunque se presenta como una organización sin fines de lucro dedicada al desarrollo del fútbol, sus finanzas revelan un imperio comercial. El Mundial es su joya de la corona. El de Qatar 2022 generó alrededor de 7,000 millones de dólares. El de 2026, con formato expandido a 48 selecciones y más partidos, se proyecta como el más lucrativo: ingresos totales esperados entre 8,900 y 10,900 millones de dólares o incluso más en el ciclo 2023-2026, superando los 13,000 millones en algunos estimados.

La FIFA y sus dirigentes perciben su parte. Aunque destina fondos al desarrollo (proyectos en federaciones nacionales), una porción significativa cubre operaciones, salarios ejecutivos y reservas (miles de millones acumulados). Gianni Infantino y su círculo han enfrentado críticas por opacidad y concentración de poder. Históricamente, la organización ha estado marcada por escándalos de corrupción: el caso de 2015 reveló más de 150 millones en sobornos relacionados con derechos de televisión, candidaturas a Mundiales y contratos de marketing. Figuras como Sepp Blatter o Jack Warner simbolizan una era de opacidad, aunque se han implementado reformas.

A pesar de todo, el futbol sigue siendo un fenómeno único. Une a la humanidad en momentos de alegría compartida: un Mundial detiene guerras temporales y genera recuerdos imborrables. El dinero lo ha profesionalizado y globalizado, pero la esencia permanece en la cancha: 22 jugadores, un balón y la magia impredecible que emociona a miles de millones. La pasión por el fútbol es genuina y profunda; la industria que la rodea es un coloso económico donde FIFA, clubes élite, estrellas y corporaciones son los grandes ganadores. El desafío futuro es equilibrar el espectáculo comercial con el espíritu popular que lo originó. Mientras el mundo gire, el balón seguirá rodando y millones soñando.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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