El Tren Querétaro-Irapuato representa uno de los proyectos ferroviarios de pasajeros más relevantes del actual plan de infraestructura mexicana. Con una longitud aproximada de 108.2 km, conecta las ciudades de Santiago de Querétaro (Querétaro) e Irapuato (Guanajuato), atravesando municipios clave como Apaseo el Grande, Celaya, Villagrán, Cortázar y Salamanca. Forma parte de una red troncal mayor que busca revitalizar el transporte ferroviario de pasajeros en el Bajío y enlazarse con el Tren México-Querétaro, impulsando la conectividad en una de las regiones industriales más dinámicas del país.
La ruta tiene raíces históricas en el Ferrocarril Central Mexicano del Porfiriato y en servicios como “El Tapatío”, que conectaban la Ciudad de México con Guadalajara. Tras la privatización de los ferrocarriles en los años 90, el servicio de pasajeros se redujo drásticamente, dejando la infraestructura principalmente para carga. El actual proyecto, impulsado por la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, busca revertir esto como parte de los Planes Nacionales de Infraestructura Ferroviaria. Su relevancia económica es alta: el Bajío concentra industria automotriz, agroalimentaria y logística. Se estima que atenderá una demanda de alrededor de 50 mil pasajeros diarios (en combinación con el tramo México-Querétaro podría llegar a 70 mil), beneficiando a más de 2 millones de personas en la región. Además de pasajeros, contempla operación mixta con carga en algunos segmentos. La velocidad máxima de diseño es de 200 km/h (velocidad operativa media alrededor de 160 km/h), con vía doble no electrificada en su mayoría.
La construcción inició formalmente el 18 de septiembre de 2025 con el banderazo en el tramo Querétaro-Apaseo el Grande (primeros ~30 km), adjudicado a un consorcio liderado por Mota-Engil. Para mayo/junio 2026, el avance físico general reportado es del 15% (o 15.18% en algunos reportes). El costo estimado supera los 98 mil millones de pesos (algunas fuentes actualizadas lo sitúan cerca de 125 mil millones), financiado mediante obra pública tradicional a través de licitaciones públicas internacionales.
Los beneficios económicos y sociales de esta magna obra implican: la generación de empleo, cerca de 10 mil puestos (1,500 directos y miles indirectos durante la construcción); el Impulso al turismo, comercio y movilidad cotidiana; una mayor seguridad y accesibilidad comparado con el autobús o automóvil; y el desarrollo urbano integrado alrededor de las estaciones. Sin embargo, también enfrenta desafíos pendientes, tales como: la liberación completa del derecho de vía, pues aún quedan predios por adquirir, especialmente en zonas urbanas e industriales; la coordinación con gobiernos estatales y municipales (Querétaro y Guanajuato), y con empresas de carga; la gestión ambiental y social, como minimizar impactos en comunidades y ecosistemas; el suministro oportuno de materiales y mano de obra calificada; y la Integración con otros proyectos (como su posible extensión a León).
Se proyecta concluir el proyecto completo hacia finales de 2027 o inicios de 2028, integrándose con el Tren México-Querétaro. El tramo inicial Querétaro-Apaseo el Grande es prioritario. Una vez operativo, reducirá tiempos de traslado, descongestionará carreteras (como la México-Querétaro) y fomentará el desarrollo regional.
El Tren Querétaro-Irapuato avanza de manera sostenida, pasando de la fase de planeación y licitación a la ejecución activa. Con un 15% de avance físico a mediados de 2026 y múltiples frentes abiertos, se perfila como un eslabón clave en la recuperación del ferrocarril de pasajeros en México. Su culminación fortalecerá la competitividad del Bajío, ofrecerá una alternativa de movilidad moderna y sostenible, y contribuirá al objetivo nacional de “es tiempo de trenes”. Aunque persisten retos típicos de proyectos de esta magnitud, el compromiso institucional y los avances reportados sugieren que la conexión entre Querétaro e Irapuato será una realidad en los próximos años, beneficiando a millones de mexicanos.