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Infraestructura de la IA

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  • José Cruz Hernández Moreno

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En el condado de Box Elder, al norte de Utah (Estados Unidos), se ha dado luz verde a uno de los proyectos de infraestructura tecnológica más ambiciosos y controvertidos del momento: el Proyecto Stratos. Impulsado por el inversor Kevin O'Leary y asociados, este campus de centros de datos gigantesco se extenderá sobre 162 kilómetros cuadrados, más del doble del tamaño de Manhattan. Aunque las cifras exactas de superficie y capacidad han variado con las revisiones del proyecto, genera un intenso debate por sus impactos energéticos, térmicos e hídricos.

Según los cálculos del profesor de física Robert Davies, de la Universidad Estatal de Utah, la instalación, diseñada para consumir hasta 9 GW de electricidad (casi el doble de la demanda pico real de todo el estado de Utah), generaría una carga térmica total de unos 16 GW. Esto se explica porque las plantas de gas natural previstas para alimentar el complejo no son cien por ciento eficientes: para entregar 9 GW útiles se generan varios GW adicionales de calor residual en la generación, que se suman al calor disipado por los propios servidores y sistemas de refrigeración. Davies resume la magnitud de forma impactante: equivale a “unas 23 bombas atómicas de energía descargadas en este entorno local cada día”. 

Este volumen de calor podría alterar significativamente el microclima local. Las estimaciones de Davies y análisis relacionados apuntan a aumentos de temperatura diurna de entre 1 y 3 °C y nocturnos más pronunciados, que en algunos escenarios llegan a 7 °C o incluso cifras superiores en condiciones de inversión térmica, capaces de elevar el calor hasta rangos que transforman el ecosistema. El ecólogo Ben Abbott, de la Universidad Brigham Young, ha advertido que el cambio podría acercar las condiciones locales a las de entornos mucho más áridos, con consecuencias para la vegetación, la fauna y el Gran Lago Salado, ya en situación de estrés hídrico crítico.

El consumo de agua completa el cuadro de preocupaciones. Aunque los promotores del Proyecto Stratos han señalado que utilizarían sistemas de circuito cerrado y derechos de agua asociados a las tierras, el contexto global es alarmante. Informes de organismos como la Universidad de las Naciones Unidas y la Agencia Internacional de la Energía proyectan que los centros de datos mundiales duplicarán su consumo de electricidad y agua hacia 2030. En 2025 ya se estimaba un uso de agua del orden de 4,5 billones de litros (suficiente para más de 600 millones de personas en regiones con escasez), y las proyecciones para 2030 elevan esa cifra de forma significativa. La afirmación de que para ese año el sector consumirá el equivalente al agua de 1.300 millones de personas refleja el orden de magnitud de las alertas más pesimistas sobre la carrera de la inteligencia artificial y la computación de alto rendimiento.

Más allá de Utah, el caso Stratos ilustra una tensión estructural de la era de la inteligencia artificial: la necesidad de potencia de cómputo masivo choca con límites físicos de energía, calor y agua en ecosistemas vulnerables. Centros de datos de esta escala no son simples “naves industriales”; son concentradores de energía térmica sin precedentes en un solo punto. Como señala Davies, no hay forma de eludir las leyes de la física: toda la electricidad que entra termina convertida en calor que debe disiparse en algún lugar. En un valle desértico y bajo presión, esa disipación puede tener un costo ambiental duradero.

El debate en Utah obliga a una reflexión más amplia. ¿Puede la transición digital avanzar sin evaluaciones ambientales independientes y rigurosas a escala de ecosistema? ¿Se priorizarán tecnologías de refrigeración de bajo consumo de agua, energías verdaderamente limpias y localizaciones con menor impacto, o se repetirán proyectos de esta magnitud en otras regiones áridas? El Proyecto Stratos, con sus 16 GW de carga térmica y su potencial para alterar el clima local, se ha convertido en un símbolo de las promesas y los peligros de la infraestructura de la IA. Su desarrollo, o las eventuales modificaciones que se impongan, marcarán un precedente sobre cómo equilibrar la ambición tecnológica y los límites planetarios .


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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