Cultura

Diremos que he sido yo

Camilo José Cela Conde, el hijo del famoso escritor, escribió una curiosa biografía parcial de su padre, que simultáneamente es su autobiografía, también parcial. No es, desde luego, el primer hijo de escritor que ajusta cuentas con su padre. Como partícipes de este mismo ejercicio biográfico, tenemos, por el ejemplo, a Greg, el hijo de Saul Bellow (Saul Bellow's Heart); a Susan, la hija de John Cheever (Home Before Dark) y a Helena, la hija de Octavio Paz (Memorias), por citar tres que recuerdo ahora. El género es espeluznante porque los biógrafos, al ser también los hijos, saben historias íntimas, algunas bochornosas, y han visto cosas desde una perspectiva privilegiada que está reservada a la familia, y vedada, precisamente, a los que quieren escribir sobre el escritor.

Este libro, de título cristalino (Cela, mi padre) se publicó en 1989, el año en que a Cela le fue otorgado el premio Nobel de Literatura y, por tanto, es una biografía a la que le falta el parte aguas profesional del escritor; la narración del hijo termina justamente antes de que le den a su padre no solo el premio Nobel, sino también el Planeta (1994) y el Cervantes (1995) que Cela, sin ningún sentido de la mesura, aceptó después de haber ganado el máximo galardón literario. Era un escritor sumamente controvertido, que no tenía empacho en medrar para conseguir sus objetivos profesionales, y que coleccionó a lo largo de su vida episodios oscuros que su hijo-biógrafo diluye cuidadosamente, con tanto afán que al final acaba concentrándose en la parte anecdótica que, desde ese punto de vista privilegiado que tenía el hijo, resulta divertidísima.

La intelectualidad española quiere poco a Cela, por las sospechas que generaba su celebridad literaria y porque hacía cosas como esta: una vez, en un programa de televisión muy visto, que conducía Mercedes Milá, el escritor aseguró a la entrevistadora que era capaz de absorber varios litros de agua por el culo y, después de semejante declaración, pidió una palangana de agua tibia para efectuar una demostración. Por supuesto que no hubo ni palangana ni presentación de pruebas, al final su oferta se diluyó y la Academia sueca se ahorró esa iconografía incendiaria. ¿Por qué le dieron el premio Nobel a Cela?, ¿La familia de Pascual Duarte y La colmena eran méritos suficientes? Ese premio, como sabe cualquiera que haya husmeado en la lista de los galardonados, es un misterio.

Pero volvamos a lo que nos cuenta de su padre el hijo de Cela. En la época en que comenzó a publicar su famosa revista Papeles de Son Armadans, a finales de los años cincuenta, se fue a plantar en la puerta de La Californie, la casa que tenía Pablo Picasso en Cannes. Picasso era un hombre profundamente huraño, nunca recibía a nadie que llegara de improviso, pero Cela aguantó las negativas de la servidumbre, hasta que, de casualidad, apareció un amigo del pintor que lo reconoció. Picasso, que además de huraño era muy juguetón, lo invitó a comer, quería probar si el escritor era capaz de convencerlo para que dibujara en su revista. Cela optó por la terapia de Choque. Jacqueline, la esposa de Picasso, al ver que el escritor no probaba el guiso a base de papas que tenía enfrente, le preguntó: "¿No le gustan las papas?", a lo que Cela respondió: "Claro que me gustan. Pero yo no como si no me las da Pablito en la boca". El biógrafo nos cuenta: "Hay una foto histórica de Picasso dando de comer a Camilo José Cela en la boca con una bandeja llena de patatas en la mano. El pintor se ríe de veras; nadie, hasta entonces, le había pedido algo semejante".

También nos cuenta de un banquete de mucho protocolo, décadas más tarde, ya en la época en la que Cela era académico de la lengua. Al escritor le tocó sentarse junto a una señora muy importante, cuyo nombre no revela el biógrafo, y tuvo que oír su interminable cháchara durante toda la cena. "Cuando mi padre ya no pudo más" –escribe el hijo– "aprovechando un instante de esos en los que según los españoles pasa un ángel y, según los ingleses, nace un niño pobre, es decir, un momento en el que todo el mundo enmudece a la vez, Camilo José Cela dejó salir un pedo tremendo".

Ya puede usted imaginarse el efecto que produjo aquel ruido en la mesa, el paso del ángel que apunta el biógrafo debe haberse extendido angustiosamente y, antes de que alguien dijera algo y quitara hierro al sonoro gas, y antes incluso de que alguno soltara una contagiosa carcajada, Camilo José Cela, de manera muy ceremoniosa, "se volvió hacia su horrorizada vecina de mesa y en voz baja, pero no lo suficiente como para que no le oyera todo el mundo, le dijo: no se preocupe, señora. Diremos que he sido yo".

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Jordi Soler
  • Jordi Soler
  • Es escritor y poeta mexicano (16 de diciembre de 1963), fue productor y locutor de radio a finales del siglo XX; Vive en la ciudad de Barcelona desde 2003. Es autor de libros como Los rojos de ultramar, Usos rudimentarios de la selva y Los hijos del volcán. Publica los lunes su columna Melancolía de la Resistencia.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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