“Todavía tengo las cicatrices que el sol no ha curado”. El verso es de la canción “Not Dark Yet” (1997), de Bob Dylan. En otra de sus canciones, “Where are you tonight” (1978), encontramos este otro verso: “Si no crees que este dulce paraíso tiene un precio, recuérdame que te enseñe las cicatrices”.
La cicatriz es parte de la historia de quien la tiene y, si se oculta, se escatima un episodio de la vida y esa historia queda mutilada.
Las cicatrices son esenciales en la historia de los cuerpos, pero también en la de los objetos. El pintor Francis Bacon tenía un enorme espejo roto en su estudio que no reparaba para no alterar su nueva naturaleza, que le decía cosas distintas.
Porque cada rotura, y cada cicatriz, son únicas, son el distintivo del objeto y del cuerpo y, además, apelan a esa historia sin la cual ni el objeto ni el cuerpo están completos.
Leonard Cohen lo tenía claro: “Una cicatriz es lo que sucede cuando la palabra se hace carne”, escribió en su novela The Favorite Game (1963).
Pienso en el borrado selectivo en una fotografía, no ya de cicatrices, sino de cualquier defecto, que ofrece un teléfono o los filtros de Instagram. El rostro que aparece ahí pierde parte de su historia con tal de ganar una pátina que tiene cualquiera que se aplique el mismo filtro. Sus defectos y sus cicatrices, esas singularidades que hacen a esa persona única, se pierden con el maquillaje electrónico.
Los japoneses también lo tienen claro, saben apreciar la utilidad y la belleza de la cicatriz. Tienen la palabra kintsugi, que designa una técnica para reparar la cerámica rota con un polvillo dorado que, lejos de ocultarla, resalta la cicatriz: destaca la belleza de la imperfección. La pieza original se convierte, gracias a la cicatriz, en un objeto único, cuya particularidad nos invita a preguntarnos por su historia, precisamente como pasa con la cicatriz de un cuerpo.
Shakespeare nos cuenta, en Coriolano (1607), que los candidatos a un cargo importante en la Antigua Roma tenían que mostrar, como prueba de su amor a la patria, sus cicatrices de guerra.