Política

El evangelio en la historia de México

  • Areópago
  • El evangelio en la historia de México
  • Jesús de la Torre T. Pbro.

Los liberales de la centuria de los años 1800, se esforzaron en diferenciarse de España, reino al que le había costado a los mexicanos separarse por medio de luchas armadas, ideológicas, culturales. 

En algunas ocasiones hasta se había desarrollado el odio por la España que dominó del siglo XVI hasta los inicios del siglo XIX, en el que se desarrolló el largo proceso de la Independencia. 

Pero los años y los procesos históricos no los podemos anular. 

Somos herederos de los llamados pueblos originarios, pero también de los que históricamente España llamó reinos, y la dominación tardía, por finales del siglo XVII, le llamó Colonia. Importante, pero Colonia no es lo mismo que “reino”.

Pero históricamente México se ha desarrollado tanto por los pueblos originarios, como por el encuentro de dos culturas, que produjo el mestizaje, en el que se mezcló la sangre sobre todo con españoles y muchos grupos europeos. 

Somos etnias de pueblos originarios con la amalgama de muchos grupos europeos y africanos. Con Europa llegó el Evangelio, Pero en México existían lo que en teología se le llama “Semillas del Verbo”, o sea verdades evangélicas que ya estaban en valiosas afirmaciones indígenas.

La historia de México es en gran medida la historia de la Evangelización, sobre todo la inicial, donde están los primeros esfuerzos de los padres franciscanos, agustinos, dominicos, jesuitas, mercedarios, etc., que con aciertos y desaciertos fueron haciendo instituciones para comunicar las diversas lenguas. Formularon diversas gramáticas para comunicar a los pueblos. 

Abrieron instituciones de enseñanza, crearon bibliotecas, las escuelas catequistas de conventos y parroquias, fueron lugares de enseñanza popular para la elevación cultural de todos.

Dice la lógica: la afirmación de uno no es la negación del otro. 

Hay que tomarlo en cuenta porque actualmente pasamos por una crisis, sobre todo en política, donde al afirmar una opción, parece que negamos otra, y así no nos entendemos. 

El peligro de ser unilaterales nos lleva a negar una gran riqueza que tenemos como comunidad. Hay que reconocer que todos hacemos historia y estamos en la historia. 

La historia es como un río caudaloso en el que vamos tantos, nadando y salvando la vida para bien de muchos.

La historia atestigua que donde se desarrolla una auténtica evangelización se desarrolla una auténtica transformación, que no es monopolio de un solo movimiento, sino que todos somos un ejército de transformadores, para bien de todos, aunque algunos que les agrada lanzar bombas a lo tarugo, esos tienen por quehacer destruir la historia.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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