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Viernes , 22.03.2019 / 22:30 Hoy

Crónicas urbanas

La Bota que derramó el vaso

Humberto Ríos Navarrete

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El Centro de Ciudad de México es una de las zonas más inseguras de la capital. Lo indican estadísticas y es confirmado por comerciantes, que permanecen atenazados por franjas de tradición delincuencial. Un asalto por aquí, otro por allá; incluidas calles peatonales, como Francisco I. Madero, donde crece la invasión del comercio ambulante.

En zonas aledañas, mientras tanto, prolifera la impunidad. Dueños de tiendas se protegen con vigilancia propia, aunque sea para espantar ladrones; pero ni éstos, integrados por parientes de todas las edades, se espantan. Son los llamados farderos. Tierra de nadie. Tierra de pocos. Es lo que dicen. Siempre ha sido así. Pero tiene sus vaivenes.

Ha crecido el número de piqueras y chelerías. Los asaltantes son protegidos por la oscuridad y la ausencia de vigilancia. Hace años, con la remodelación del Centro Histórico, la delincuencia común se alejó, pero pronto el descuido de la zona provocó que se organizara y volviera. También fue imán para que otros arribaran con sigilo.

El más reciente escándalo estalló en el corazón de la capital, pues llovieron denuncias contra un grupo de colombianos que realizaba préstamos exprés a pequeños comerciantes, para después exigir altos intereses; al revelarse, sin embargo, los deudores eran extorsionados o agredidos.

La red de prestamistas, llamada “Gota a Gota”, operaba desde 2015, pero ninguna autoridad la frenó. Este caso llamó la atención del gobierno actual; en eso estaban cuando se supo que sujetos habían invadido la Hostería La Bota, sobre la calle San Jerónimo; golpearon a empleados e hicieron destrozos durante casi media hora, sin que llegara la policía.

“Le están tomando el pulso al nuevo gobierno”, opina Guillermo Alejandro Gazal, presidente de la Asociación de Empresarios y Comerciantes Unidos para la Protección del Centro Histórico, Procentrhico, quien asegura que en la zona operan ocho grupos de la delincuencia organizada. “Qué lástima que el doctor Mancera siempre lo negó”.

El video sobre la irrupción fue difundido el pasado martes, 12 de febrero, aunque los hechos ocurrieron el lunes 28 del mes anterior, cuando, precisa un comunicado, “nuestro centro cultural y gastronómico Hostería La Bota fue atacado por la delincuencia”.

Añade: “Al frenar un intento de extorsión, un ‘asalto sutil’ a unos clientes por parte de un par de individuos que los amedrentaban para sacarles dinero, nuestro equipo de trabajo fue golpeado severamente; entonces, esto ya fue un grito de auxilio que pedía la compasión del gremio cultural”.

Y así sucedió.

La madrugada de ayer, el video llevaba 226 mil 288 reproducciones en su página de Facebook. “Hemos recibido más de 5 mil comunicados de apoyo del gremio cultural”, comenta a este diario Antonio Calera-Grobet. “El día de ayer teníamos a 50 extranjeros en el establecimiento. Imagínate la responsabilidad que es eso”.



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Las imágenes son nítidas. La invasión es violenta. Primero en la entrada. Se van un momento y regresan. El cabecilla es un individuo joven. Lo siguen dos. Segundos después se meten hasta la cocina. Patean y lanzan lo que encuentran. Tratan de calmarlo pero parece fuera de sí. Vuelan sillas y patadas. El susto de los empleados es evidente.

“El resultado quedó registrado en videos (...) entregados a las autoridades correspondientes”, continúa la carta. “Sufrimos de costillas fracturadas, dientes rotos, narices partidas, patadas y puñetazos. Y cabe señalar aquí, que pese a todos los llamados a la policía desde el primer segundo de la agresión, ésta nunca llegó”.

Incluso, “a una patrulla que pasó por la esquina se le pidió ayuda con desesperación y ésta siguió su camino con indolencia”. “Muchos de los que trabajamos y habitamos en el Centro Histórico nos sentimos indefensos, con miedo, en riesgo. Esto debe parar de una vez”.

—¿Cuántas veces han tenido problemas?

—Podríamos hablar de cualquier cantidad. Cuántas veces hemos hablado a la ambulancia y nunca llega —sostiene Calera-Grobet—, cuántas veces no hemos hablado a la patrulla y nunca llega; no es una vez, son varias veces, decenas, y no tengo por qué hinchar los números.

“La gente sabe lo que somos”, añade y explica: “No estamos pidiendo apoyo para nosotros; estamos pidiendo seguridad para todos, queremos trabajar en paz, vivir en paz, caminar la ciudad; y habrá que tomar las calles como sea. Estamos obligados también por un chorro de espacios que fueron cerrados, que no tuvieron todas consigo y no se pudieron defender”.

Antonio Calera-Grobet habla del entorno, por ejemplo la cancha de futbol que en realidad era estancia de malhechores.

“Decenas de veces, a distinto nivel, hemos pedido tantas cosas: que vigilen a las motonetas que pasan a gran velocidad, que regule la licencia de los lugares para que no haya piqueras, que cuide la iluminación, las áreas verdes, la basura; porque, en realidad, cuando tú pauperizas la zona y se convierte en una ruina, entonces son invadidas por el hampa”.



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El Gobierno de Ciudad de México, mientras tanto, investiga las denuncias y detuvo a varios sospechosos en el caso de los prestamistas.

El secretario de Seguridad Ciudadana, Jesús Orta Martínez, declaró el pasado jueves que ya se reunió con diversos comerciantes y comentó que entiende “la molestia y el temor de los dueños” de Hostería La Bota, por lo que se realizará un operativo especial para identificar extorsionadores, además de que, “por un acto de omisión”, investigarán a policías.

El presidente de Procentrhico, Guillermo Alejandro Gazal, asegura que incluso comerciantes ambulantes han sido víctimas de extorsión; un delito que “se dejó crecer de manera exponencial”, pues desde 2013, recuerda, su organización tenía identificados a varios grupos.

—Ha mencionado nombres de grupos de la delincuencia organizada que, según usted, operan en el Centro Histórico, ¿no tiene miedo?

—Sí, no lo puedo negar, pero al final del día alguien lo tiene que hacer; no nos puede paralizar el miedo. Mi padre nos enseñó la obligación de denunciar. Pero que quede claro: no queremos ser mártires.

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