Se cumplen 35 años de la Bienal del cartel en México, fundada por Javier Bermúdez y cuya hija, Paula Bermúdez Covarrubias, le da continuidad en la Casa del poeta Ramón López Velarde, colonia Roma, donde presenta una muestra de serigrafías de un venerable artista japonés, Kazumasa Nagai, después de estar en diversos museos. El cartelista fue uno de los precursores de este concurso, y, a sus noventaicinco años, sigue produciendo.
Los organizadores, mientras tanto, tiene un acervo de 80 mil carteles de las ediciones que han celebrado desde los años noventa, una de las bienales más importantes del mundo, después de la Varsovia, mentora de la mexicana. Esta colección, abierta a estudiantes de diseño y al público, está resguardada en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.
La encargada del proyecto, Paula Bermúdez Covarrubias, creció a la par de este propósito, auspiciado por su padre, el diseñador Javier Bermúdez, aunque desde su adolescencia ella resolvió rehusarse a seguir sus pasos, “por no copiarle”, y entonces estudió arquitectura, para luego dedicarse al desarrollo inmobiliario.
Y ahora está aquí —después de ejercer su profesión— “de vuelta a casa” con el ideal de la familia. “Este es un proyecto que formaron mis padres en 1990 y crecí con él”, recuerda Paula, “una arquitecta que ahora se dedica al diseño gráfico, amante del cartel y el diseño mexicano, que colabora mucho con esta Bienal”.
—Entonces tus papás fundan la bienal.
—Sí, y cumplimos 35 años. Se han realizado 18 bienales. La primera fue en 1990. Este 2025 se lanza la convocatoria de la edición 19 y el certamen se lleva a cabo en el 2026.
Esta bienal, una de las más prestigiadas del mundo, cuenta con miles de carteles de 80 países. La colección está en La casa del cartel en San Luis Potosí.
“Nosotros donamos el acervo a la universidad para que ellos se encarguen de la catalogación y conservación de las obras originales”, comenta Bermúdez en su oficina de avenida Álvaro Obregón número73, colonia Roma, rodeada de archivos, carteles y objetos relacionados con el diseño.
Y a unos pasos de su oficina, en la parte baja de la Casa del poeta, exhiben un tesoro gráfico abierto al público.
En las primeras bienales se enviaban todas las obras originales a la Casa del cartel; sin embargo, ahora que estamos en un mundo digital, los archivos son equivalentes. Pero aún así, comenta Bermúdez, “los autores más clásicos siguen enviado sus obras físicamente cuando se abren las convocatorias”.
Y es cuando la entrevistada invita a realizar un recorrido por la sala donde se presenta parte de la obra del diseñador Kazumasa Nagai, un venerable japonés que no se detiene en trabajar.
“Es una colección de carteles de uno de nuestros primeros jurados en las primeras ediciones”, recuerda Bermúdez. “Tiene 95 años y sigue haciendo este tipo de creaciones”.
—Esta exposición se llama Life.
—Sí, él hace muchas colecciones enfocadas hacia la vida, y cómo hay diferentes temas globales en los que todos pensamos lo mismo; o sea, que la vida es hermosa, que los animales son únicos.
Esta colección de serigrafías originales es parte de la obra que el artista japonés donó al archivo de la bienal por sus 35 años. “Entonces nosotros decidimos mostrarlos en diferentes museos, entre otros el de Querétaro”, añade la diseñadora.
“Nuestro objetivo principal es crear conexión para posicionar a México en el mundo del diseño gráfico”, explica Bermúdez.
—Y van 35 años…
—Eso llevamos haciendo conexiones con los mejores centros de diseño, con las mejores universidades, haciendo los mejores proyectos con autores de esta talla— dice, refiriéndose a Kazumasa Nagai— Para nosotros lo más importante es la difusión del cartel y cómo mantenerlo vivo como un medio de comunicación principal y el más efectivo.
—Pero sí han cambiado las técnicas.
—Han cambiado las técnicas, claro. Esta exposición que está aquí son serigrafías originales; son piezas, una por una, seriadas y en un proceso de impresión mucho más detallado y artesanal, por decirlo de alguna manera, que una impresión digital. Estas calidades de los grandes maestros, sobre todo japoneses, tienen una perfección absoluta y al final de cuentas son legendarias.
—¿Lo sigue haciendo así?
—Lo sigue haciendo. Algunas de las obras nuevas que nos mandó el año pasado siguen siendo serigrafías. Todas son originales.