En todo el mundo se libra una carrera contra el tiempo para evitar que el número de contagiados por Covid-19 sobrepase las capacidades de los sistemas de salud, eso ya lo tenemos claro. También que no habrá pronto una vacuna ni solución mágica que nos permita estar a salvo, pero ¿cómo se libra esta batalla en México?
¿Quiénes son los ejércitos y los estrategas? Más allá de Twitter y de los analistas que comparan casos y modelos incontrastables, lo real es que tenemos muchos equipos en ello y poco los conocemos.
Los más visibles son los trabajadores de la salud: enfermeras, doctoras, paramédicos y administrativos que recibirán el peso de la atención dentro de unos días (aproximadamente, unos 10). Esta semana los vimos reclamar y exigir desde el equipo básico como mascarillas, guantes y demás, hasta protocolos en el tratamiento de las personas contagiadas, las familias e incluso los cadáveres de quienes vayan muriendo a causa del coronavirus.
Otro grupo lo forman científicas y científicos mexicanos que trabajan en dos pistas: la primera es el desarrollo de nuevas vacunas e inmunoterapias, además de plataformas para una respuesta rápida a las enfermedades. Estos esfuerzos se concentran en el Instituto de Biotecnología de la UNAM, con equipos liderados por los doctores Carlos Arias y Susana López, según contó en entrevista la doctora Alicia Palomares. Se trata sobre todo de biotecnólogos y biotecnólogos farmacéuticos que por estos días no tienen descanso, pues saben que el tiempo es crucial para achatar la curva de contagios.
También hay otros equipos laborando en objetivos similares en el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del IPN y los laboratorios estatales capacitados por el Instituto Nacional de Referencia Epidemiológica.
Un frente adicional está en los laboratorios nacionales, unidades de investigación especializada. En particular en el Laboratorio Nacional de Soluciones Biomiméticas para Diagnóstico y Terapia, donde hay un grupo que desarrolló una prueba diagnóstico de la enfermedad, una prueba que pueda producirse masivamente, de acuerdo con las necesidades que México tendrá en los días
que vienen.
Disponer de una prueba en cantidades suficientes es un desafío en todo el mundo y ni siquiera Estados Unidos, con todos los recursos disponibles, lo ha logrado, hasta ahora solo Corea del Sur, contra quienes suponen que se trata solo de dar una orden burocrática y sacar la cartera para comprar.
En el @LaNSBioDyT desarrollaron un biosensor que confían en que pueda servir de prueba de detección barata y segura del Covid-19. Esa prueba es la que tanto están pidiendo hospitales y clínicas y que permitiría a los médicos y epidemiólogos evitar contagios catastróficos.
Ese laboratorio trabaja en conjunto con la Facultad de Ciencias, el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán en el diseño y desarrollo de biochips, así como en micro y nanofabricación de biosensores. El Indre dirá la última palabra, ojalá tengan éxito.
hector.zamarron@milenio.com
@hzamarron