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La transformación que falta

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El escaso crecimiento económico frena la transformación de América Latina. Esto lo dijo recientemente José Manuel Salazar-Xirinach, secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). “El crecimiento económico no lo es todo, pero sin un crecimiento alto y sostenido es muy difícil impulsar los cambios que nuestra sociedad necesita”, dijo e hizo alusión a las dificultades para generar empleos de calidad, reducir la pobreza, financiar la salud, la educación, la protección social, la infraestructura, entre otros.

Lo curioso es que la falta de transformación puede ser la consecuencia de que nuestras economías no crezcan lo suficiente, pero al mismo tiempo son la causa de que no se logren repunten con tasas importantes: los sistemas precarios de educación, de salud, la insuficiente inversión social, las limitadas infraestructuras, las administraciones poco eficientes, entre otros sectores, requieren de una transformación profunda para que se puedan obtener mejores resultados. Porque no crecemos lo suficiente no podemos transformar nuestros países, pero porque no transformamos nuestros sistemas no podemos crecer lo suficiente.

El secretario ejecutivo de la Cepal dijo que tener recursos no garantiza el desarrollo y que se requieren estrategias claras, instituciones fuertes y gobernanza efectiva. La receta la conocemos bien y la hemos escuchado en muchos estudios y discusiones pero algo mágico pasa que nunca la vemos aplicada. Lo mismo pasa cuando en los discursos y foros se enarbola la educación de calidad como motor ideal del progreso pero luego vemos los resultados de la Prueba Pisa que dan cuenta de una América Latina reprobada en lectura comprensiva, matemáticas y ciencias.

Ciertamente los resultados económicos no dan mucho margen para hacer grandes cambios de fondo: en los años 80 tuvimos una década perdida para América Latina y hace poco volvimos a tener otra cuando la economía latinoamericana creció menos del 1 por ciento entre 2015 y 2024. Si el crecimiento es limitado, también lo serán los empleos de calidad, los ingresos, el combate a la pobreza y la desigualdad, así como tampoco alcanzará para invertir en infraestructura y en las grandes necesidades.

Bajo la lógica del mismo círculo vicioso, hay millones de personas que no pueden acceder a la educación debido a la pobreza en la que viven pero, al mismo tiempo, no pueden salir de la pobreza debido a que carecen de la educación que requieren. El gran reto es romper este círculo y dejar atrás el cerco que impide el desarrollo. En lugar de esperar el crecimiento para hacer la transformación debería ocurrir lo contrario: provocar la transformación para que una de las consecuencias favorables sea el crecimiento.

La verdadera transformación podría venir con invertir más y mejor en educación, en ciencia y tecnología, en infraestructura, en innovación y creatividad. La transformación no debe ser consecuencia esperada sino causa controlada y provocada desde la planificación y la estrategia.


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Héctor Farina Ojeda
  • Héctor Farina Ojeda
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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