Para que no se nos olvide que vivimos en una región atrapada en la pobreza y en la imposibilidad de generar crecimientos económicos importantes, el Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de recortar el pronóstico para América Latina este año: el repunte será de 2.3 por ciento en 2026, lo que representa una leve disminución frente al 2.5 por ciento del año pasado pero, si lo ubicamos en un contexto más amplio significa que tenemos varios años de estancamiento además de una década perdida.
El recorte de las expectativas para los países latinoamericanos en su conjunto se debe ahora a la crisis energética y al limitado impulso que se le ha dado a la Inteligencia Artificial, según el FMI. Los memoriosos recordarán que en otros recortes, que son muy habituales en nuestra región, se debieron a otros motivos como la incertidumbre, la guerra comercial o las consecuencias de las guerras en Oriente Medio, así como los malos vientos en contra de las materias primas. Lo cierto es que la fragilidad de las economías latinoamericanas se nota por causas y culpas distintas pero siempre termina en niveles de crecimiento insuficiente, empleos que no alcanzan y grandes problemas sociales que no pueden atenderse como se debe.
Dentro de este panorama poco halagador, el caso de México es curioso: los pronósticos van mejorando de un tiempo a esta parte aunque no alcanzan para llegar al promedio. Las proyecciones para la economía mexicana son de un crecimiento de 1.5 por ciento en 2026, cifra que se encuentra por debajo de la media latinoamericana de 2.3 por ciento. Lo bueno a pesar de los números que no bastan es que la tendencia mexicana va en sentido contrario a la progresiva desaceleración latinoamericana.
Más que el insuficiente impulso a la Inteligencia Artificial o la crisis energética, hay muchas insuficiencias que mantienen en una crisis permanente a la economía: desde la inversión educativa que sigue siendo baja, lo mismo que la inversión en ciencia y tecnología, o tan siquiera lo que se destina a mejorar la combatividad desde la infraestructura, las comunicaciones y la logística. Ojalá se tratará sólo de la Inteligencia Artificial pero la cuestión es más profunda, más añeja y más compleja.
Hace 27 años, en 1999, el exrector de la Universidad de Buenos Aires, Guillermo Jaim Etcheverry, publicó un libro titulado La tragedia educativa en el que sostenía que América Latina tenía tanto rezago educativo que podría considerarse como una región contra el conocimiento. Ese diagnóstico apocalíptico revive cada vez que salen los resultados de la Prueba Pisa en los estudiantes latinoamericanos son reprobados en lectura, matemáticas y ciencias. Es decir, si seguimos sin tener conocimientos mínimos en estos tres rubros, es poco probable que se dé el gran salto al futuro con o sin Inteligencia Artificial.