Los resultados educativos en América Latina no sólo representan el rezago que existe frente a otros países sino que nos hablan de por qué nuestras economías siguen siendo primarias, desiguales y precarias. La reciente prueba PISA 2025 lo puso en evidencia, una vez más: de los 13 países latinoamericanos que participaron, ninguno alcanzó el promedio de los países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Esto significa que estamos debajo de la media en matemáticas, lectura y ciencias.
La prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos) busca medir las habilidades de estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias a nivel mundial. En esta ocasión se realizó en 91 países y alcanzó a 760 mil estudiantes. Si bien como resultado general hay una gran preocupación por el estancamiento o la caída del nivel de aprendizaje en los estudiantes de todo el mundo, en el caso latinoamericano hablamos de que las habilidades de los estudiantes son claramente insuficientes.
Un punto crítico está en el rezago en matemáticas: entre el 57 por ciento y el 92 por ciento de los estudiantes evaluados no alcanza el nivel básico para resolver problemas cotidianos, conforme a los estándares de la OCDE. Y la crisis no es menor en cuanto a comprensión lectora: ningún país latinoamericano registró mejoras importantes en los niveles de lectura, en tanto se notan retrocesos marcados en varios países. Chile es el país mejor evaluado en lectura con una puntuación de 436 puntos, 25 puntos por debajo del promedio de la OCDE que es de 461 puntos. O sea, hasta los más adelantados están atrasados.
Más allá de las mediciones entre países y de los pequeños avances en algunos casos, los resultados en materia educativa explican en gran medida lo que le pasa a nuestras economías: si los estudiantes no tienen conocimientos suficientes de matemáticas, si no comprenden lo que leen y no saben de ciencia para resolver problemas cotidianos, lo mismo pasa cuando se trata de resolver problemas económicos. Sin conocimientos es imposible pensar en resolver los grandes conflictos de la economía.
El rezago educativo estructural representa un atraso para el desarrollo, para mejorar la productividad, para la innovación y para hacer que la economía sea flexible y pueda ajustarse a los cambios. En la economía del conocimiento no se pueden lograr buenos resultados cuando hay bajos niveles en matemáticas, en ciencias y en lectura: no hay condiciones para innovar, para aprovechar los avances de la tecnología ni mucho menos para encontrar nuevas formas de generar riqueza. Con bajos niveles educativos quedamos a merced de producciones primarias y dependemos de los avances que logren otros países.
Así como los malos resultados en educación explican muchos de los problemas económicos latinoamericanos, deberíamos comprender que los buenos resultados educativos podrían mejorar notablemente la economía y, por ende, también la calidad de vida de las personas.