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Jueves , 25.04.2019 / 07:45 Hoy

Economía empática

El sueño de la canasta básica

Héctor Farina Ojeda

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Que no ha habido mejorías en cuanto a la situación de pobreza en la que viven millones de mexicanos es algo sabido: en los últimos años, mientras la bonanza hizo que la mayoría de los países latinoamericanos lograran algunos avances, en México los datos se mantienen impertérritos. En un escenario desigual, en el que contrastan grandes fortunas y precariedades increíbles, mientras unos pocos esperan que el curso de los negocios les genere millonarias ganancias, otros muchos esperan alcanzar ingresos suficientes para poder atender las necesidades más elementales, como una canasta básica. Lo más grave es que puede que los primeros lo logren pero los segundos tendrán que librar grandes batallas y cruzar los dedos para que la bonanza los alcance.

Debido a la pobreza laboral, que implica que las personas trabajan pero no alcanzan a percibir ingresos suficientes para cubrir los costos de la alimentación, hay cerca de 50 millones de mexicanos que no ganaron lo que requieren para comprar los alimentos de la canasta básica en el último trimestre de 2017, de acuerdo a cálculos de la organización México ¿cómo vamos? Estos datos nos hablan de que más allá de la pobreza extrema, que afecta a cerca de 9.3 millones de personas, hay una gran franja de pobreza en la que pese a recibir ingresos no existe la posibilidad de una buena alimentación.

Que haya tanta gente que no pueda garantizar que su fuerza de trabajo se convierta en ingresos mínimos para la canasta básica, es una muestra grave del divorcio que hay entre el funcionamiento de la economía y las necesidades sociales. Como si la gran maquinaria económica sólo funcionara para hacer crecer los capitales, incrementar las riquezas, inflar grandes indicadores, aumentar la concentración de ingresos y excluir sistemáticamente al resto. Como vimos recientemente con los datos de las horas laborales de los mexicanos, dedicarle más horas y más esfuerzo al trabajo no significa mejorar el nivel de ingresos ni mucho menos la calidad de vida.

Si la canasta básica, con los alimentos más esenciales, es inaccesible para una buena parte de la población, imaginen cómo se aleja de las posibilidades económicas cada vez que hay un incremento en los precios o que alguien pierde su empleo. Ni los buenos datos del empleo ni el récord en las exportaciones ni las dos décadas del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) han hecho mella en esta dura realidad. La pobreza se mantiene y con ella la precariedad, la mala alimentación y otras muchas carencias.

Sin lugar a dudas, detrás de los desafíos de cómo hacer crecer la economía en proporciones más importantes y estables, de generar empleos de calidad o lograr una mejoría en las condiciones de los acuerdos comerciales, hay una urgencia de que el puente hacia lo social funcione: que la gente mejore sus ingresos, mejore sus oportunidades, pueda acceder a empleos seguros y bien remunerados, de manera que cubrir los costos de una canasta básica no sea un sueño, sino algo realmente básico.

@hfarinaojeda

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