El aumento de los precios de los productos de la canasta básica en el mes de enero contrasta con el dato de la pérdida de empleos formales: mientras que la inflación fue de 3.79 por ciento anual y los precios de algunos productos básicos subieron por encima de este promedio, los datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) dan cuenta de que se perdieron más de 8 mil puestos de trabajo formales en el primer mes del año. Estos dos datos que se cruzan son una pequeña muestra de lo que le pasa a la economía mexicana: por un lado no genera suficientes puestos de empleo formales, mientras que por el otro la presión de los precios se mantiene férrea y atenta contra el poder adquisitivo de las familias.
Cuando vemos una película más amplia nos encontramos con que no solo es el caso mexicano sino que toda América Latina se encuentra inmersa en la trampa del crecimiento económico insuficiente y de sus consecuencias: empleos formales que no alcanzan, altos niveles de informalidad laboral, pérdida del poder adquisitivo de las personas debido a salarios bajos frente a precios que se mantienen altos; y todo esto en el contexto de economías muy desiguales y de la pobreza enraizada en una buena parte de las comunidades.
Si bien los datos de un sólo mes son referenciales y nunca concluyentes, si bien se puede dudar de si los empleos formales se perdieron o sólo volvieron a la informalidad, la mirada en el tiempo da cuenta de que el fenómeno es recurrente: en economías que crecen poco, la generación de puestos de trabajo formales también es poca, a lo que debemos sumarle la histórica informalidad que en la región se mantiene por encima del 50 por ciento, además de la precariedad en el mercado laboral que se ha venido profundizando desde hace décadas.
En la contracara mexicana, las cifras del turismo dan cuenta de que ingresaron al país más de 47 millones de turistas extranjeros en 2025 y dejaron una derrama económica de más de 31 mil millones de dólares. Y cuando se trata de ingresos por turismo, aquí sí se puede hablar de derrama porque la riqueza se distribuye de forma mucho más equitativa que en cualquier otro ingreso. El turismo representa oxígeno para la economía en tiempos en los que las remesas van a la baja y los pronósticos apuntan a que el crecimiento económico estará por debajo del dos por ciento en 2026.
La cuestión de fondo sigue estando en los motores internos frente a la incertidumbre: ¿cómo hacer que la economía crezca a tasas suficientes para detonar el empleo y con ello generar más oportunidades? Esta es la gran pregunta no sólo para México sino para todos los países latinoamericanos que están atrapados en el cerco del escaso crecimiento y sus consecuencias.
La recuperación de las inversiones, los buenos empleos y los ingresos es fundamental para que la gente tenga condiciones para enfrentar precios y mejorar su calidad de vida. Pero falta encontrar el punto de inflexión para salir de la trampa de crecimiento y transitar hacia mejores estadios.