Negocios

Con los frenos puestos

El crecimiento promedio de la economía mexicana el año pasado fue de 0.7 por ciento, de acuerdo a la estimación oportuna del Producto Interno Bruto (PIB) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). La cifra da cuenta de un crecimiento modesto, por debajo del 1 por ciento, pero alienta esperanzas porque hubo un impulso importante en el último cuatrimestre del año. Lo preocupante es que si lo vemos en el tiempo, nos encontramos ante una economía desacelerada, que parece que tiene puesto el freno, ya que en los últimos cuatro años no ha logrado un dinamismo importante y ha disminuido paulatinamente desde que en 2021 tuvo un crecimiento de 5 por ciento.

Cuando en 2020 las economías se paralizaron debido a la pandemia de covid-19, los números de crecimiento fueron negativos no sólo para México sino prácticamente para todo el mundo. Al año siguiente comenzaron las recuperaciones pero en el caso mexicano fue solo un salto reflejo que luego se fue enfriando, a tal punto que hoy la cifra de crecimiento está por debajo del 1 por ciento y el pronóstico para 2026 es de entre 1.3 y 1.5 por ciento anual. El escaso dinamismo interno, la disminución de la demanda de grandes economías como la de Estados Unidos, así como la cuestión de los aranceles y la guerra comercial limitaron la expansión y eso se nota.

Pero no sólo es México sino que toda América Latina se encuentra en una fase de estancamiento: en los últimos cuatro años el promedio de repunte apenas superó el 2 por ciento anual. Y la cuestión es más profunda si consideramos que entre 2015 y 2024 el promedio de crecimiento fue de apenas 0.9 por ciento anual, lo que representa una “década perdida”, según los informes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). En un contexto más amplio tenemos problemas de escaso crecimiento, de insuficiente impulso propio, y ello agrava los males que padecemos en cuanto a pobreza, desigualdad, empleos precarios y falta de oportunidades.

La cuestión más preocupante de esta fase de desaceleración y de pronósticos poco alentadores es que no se vislumbran formas en las cuales se pueda romper con el estancamiento en el corto plazo. Los motores internos y el impulso propio están muy contenidos, dependientes de lo que pasa en el mercado internacional en donde sigue reinando la incertidumbre. Todavía los aranceles siguen enturbiando el ambiente y eso dilata las especulaciones para el comercio, las inversiones y los proyectos.

El gran reto para la economía mexicana, al igual que para las latinoamericanas, es quitarse los frenos de la dependencia de pocos mercados y pocos rubros de exportación, para construir impulsos propios más fuertes. Los asiáticos lo hacen sobre la base de la educación y la innovación tecnológica, en tanto en América Latina seguimos rezagados en todo lo que se refiere a construir conocimiento. Los tiempos de incertidumbre externa requieren construir certezas internas, estrategias propias para emerger.


Google news logo
Síguenos en
Héctor Farina Ojeda
  • Héctor Farina Ojeda
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.