Cuando el futbol termine, es momento de renovar la expresión hecha famosa del “¿Y si sí?”, llevándola a nuestro entorno familiar, al ámbito social, a las comunidades donde habitamos, a las autoridades que nos representan y a muchos ejemplos en los que las cosas no marchan como deseamos.
“¿Y si sí?” va más allá de lo ya expresado tras la derrota de México vs. Inglaterra, en donde alguien, con mucho tino y sabiduría, supo plasmar preguntas como dejar de ser indiferentes, miedosos, tramposos, abnegados y silenciosos.
Yéndonos a nuestras comunidades, cabrían muchas respuestas ante las expresiones interrogativas del qué, quién, dónde, cuándo, cómo, cuánto y cuál.
Si le escarbamos al qué pasa, podríamos abrir los ojos a que lo que sucede tiene los porqués de las fallas, de quiénes las provocaron o no supieron detenerlas, de dónde y cómo ocurren, investigar desde cuándo se suscitan y cuáles han sido sus consecuencias.
La luna de miel que nos ha dejado el futbol está por terminar; es por ello que debemos estar conscientes de que volveremos a nuestras dichas y pesares, a la cotidianidad que la vida nos brinda a manera de oportunidad para crecer en armonía, con paz, pero no silenciosamente, que más huele a complicidad que a pacifismo.
Aprovechar el intenso curso que estas últimas semanas nos brindó un deporte es fundamental para no volver a ser sujetos pesimistas y asustadizos que solo criticamos bajo la sombra de un hogar, de un meme, de una plática efímera de sobremesa, para mejor sujetar el momento cumbre de máxima plenitud para cambiar lo que no funcione.
Si el bache ahí seguirá, la fuga y el socavón se multiplicarán, la contaminación crecerá y los abusos no se detendrán; entonces, esquivemos la indiferencia social, buscando la explotación real de la pregunta clave: “¿Y si sí?”.
Aunque podríamos cambiar la pregunta por un “¿Y si no?”, no permitiendo funcionarios con fecha caducada, con claras muestras de mediocridad, de avaricia, de oportunismo descarado, de explotación a los más débiles, de mitómanos y criminales.
Lo mismo podríamos hacer en las dependencias de cuarta, en los gobiernos chafos, dándoles un rotundo no por deficientes y, el instrumento para ello, está en nuestro poder.