Hace unos días, hablando con mi hija, tocamos temas un tanto controversiales, quizás por la edad de cada uno, o sea, por ser de diferentes pensamientos generacionales y, ejemplifico:
Ella, en unos días, viajará a París, la ciudad que fue severamente ultrajada por fanáticos del futbol que, en lugar de vitorear a su equipo, el PSG, campeón europeo, les inflamó el ego, cual chivas, azules o águilas, con la diferencia de que allá hicieron un montón de destrozos.
Me comentó que ojalá que en su ida a París este quede limpio de nuevo para disfrutarlo plenamente, y yo le respondí que igual pasa cuando las mujeres vestidas de negro, encapuchadas y con armas varias, azotan centros históricos, negocios privados y echan a perder el propósito de sus demandas feministas.
Pero el tema derivó en la comparativa de que el fin real de esas mujeres no es valorado como debe ser, ya que en México cada día se ataca, se ultraja y hasta se asesina a personas por su género, y los destrozos locos del bello París se quedan cortos.
En silencio medité que nada tiene mayor peso que ultrajar a una mujer en sus variadas formas, que volverse locos por un simplón triunfo de un equipo de futbol.
Hasta ahí todo bien, pero me surgen más dudas de tantas demandas que hoy se manifiestan principalmente en la Ciudad de México, en donde normalistas piden las perlas de la Virgen para tener mejores ingresos y prestaciones, o las madres buscadoras que exigen encontrar a sus familiares, así como los gritos de auxilio de agricultores, de gente extorsionada o con baja de pensiones, etcétera.
Pedir justicia, gritar, grafitear, destrozar o agredir, me pregunto, ¿son causas justificadas para atentar contra el prójimo?, porque ver changarros, tiendas o restaurantes cerrados causa un coraje similar al que provocan las demandas que esos manifestantes plantean.
Aquí todos pierden, pero la autoridad se quita la culpa argumentando que en México se vale la libre manifestación y que nadie será reprimido ni se caerá en provocaciones, como en el pasado feroz que marca la historia.
Que París sea agredido no tiene comparación con la violación de tantos y tantos temas mexicanos, sin hacerle al jurídico citando los artículos 6 y 7 de nuestra Constitución.