Tengo dos amigos que se dicen de izquierda. Gran parte de sus publicaciones en redes sociales están dedicadas a denostar a la oligarquía y las medidas políticas de aquellos que, dicen en Palacio Nacional, ejemplifican el modelo neoliberal.
El problema es que atacan a oligarcas pero no a sus oligarcas. Ambos pertenecen a empresas transnacionales que han sido cuestionadas por sus prácticas y trato a clientes, competencia y medio ambiente.
El típico que protesta con la izquierda y cobra con la derecha.
Eso ha vivido Jalisco la última semana con la caída del alcalde de Tequila. Morena en el estado ha quedado inhabilitado a la crítica a partir del encubrimiento o la complicidad ejercida con las trapacerías de Diego Rivera.
Apenas hace semanas todo el partido en el estado salió a defender a un impresentable. Sabían que extorsionaba, que había tomado el Museo del Tequila para su uso personal, existían las denuncias por parte de la población, empresarios, periodistas, políticos.
Morena Jalisco decidió ponerse del lado del criminal.
Si los amigos, simplemente amigos de la presidenta no hubieran tenido derecho de picaporte en el Zócalo el régimen de terror seguiría en esa zona jalisciense y todos los políticos que lo apoyaban aplaudirían sus delitos. Vamos, hoy todavía ninguno de los que posan en fotografías con Rivera no han ofrecido disculpas a la población por su cercanía y soporte a las actividades que terminaron por ser botón de muestra de la manera en que el crimen organizado está coludido con el poder en municipios, gobiernos estatales y otras instancias del poder.
Para evitar reconocer el encubrimiento del presunto criminal -según el mismo gobierno federal-, los morenistas en Jalisco han acelerado sus protestas en contra del aumento al transporte público. Olvidan decir a la población que la tarifa sería promedio con lo que se cobra en otras partes del país que, a excepción de la Ciudad de México, sufre de las mismas dificultades de costo que tendrá Jalisco a partir de abril.
La protesta puede tener origen legítimo, pero los miembros de Morena en el estado saben que su uso es más por cuestión electoral que interés real de protección ciudadana.
Ahora, la acción en redes sociales se ha exponenciado y las protestas en la calle crecen pero no tienen la tracción social que esperarían. No sólo por la falta de empatía sino por las fechas que se proponen para dichas marchas.
Ya no digamos la falta de oficio político y carisma de las figuras que convocan a las marchas, los peores enemigos de ese partido político están en sus liderazgos locales.
Dirán que Morena en Jalisco puede ganar las siguientes elecciones y tienen razón, pero más por los apoyos y onda expansiva del movimiento a nivel nacional que por el éxito de lo propuesto a nivel local.
A eso, hay que agregar el descontrol de Movimiento Ciudadano en todos los niveles, ante la ausencia de liderazgos en distintos niveles.
Pero la hipocresía de Morena en Jalisco parece que marca su futuro en un guinda no del movimiento, sino de sangre derramada.
Sangre políticamente hablando.