Carl Schmitt es un clásico por sus desafíos a nuestros presupuestos políticos y jurídicos; un autor proscrito por lo incómodo de sus ideas y pasado. Sus libros– como dice el profesor Vázquez citando a Ítalo Calvino – nunca terminan de decir lo que tienen que decir.
Los abogados nos encontramos a este autor en el debate clásico entre Kelsen, quien defendía el ámbito normativo de la Constitución, y el propio Schmitt, quien concebía al texto supremo de cada Estado como una expresión de los deseos y aspiraciones fundamentales del pueblo. La primera visión nos llevó a construir instituciones como los Tribunales Constitucionales, que validan o sancionan las actuaciones de autoridades y particulares dependiendo de su regularidad con dicha Constitución. La Constitución se vuelve una norma sujeta a la aplicación de jueces instruidos en métodos especializados de interpretación, alejados (según se piensa)del oportunismo político de los congresos. ¿Qué se aspira con ello? Hacer de la Constitución un instrumento de máxima obediencia y no un conjunto de buenos deseos. ¿Para qué? Para garantizar una arena de igualdad pública y tolerancia entre los individuos.
La segunda visión sugiere la homogenización de los pueblos en torno a ideas constitutivas de su identidad y destino; la resguarda un soberano capaz de actuar asertivamente en momentos clave para el Estado y con poder para convocar acción genuina de los habitantes entorno a dicha identidad y valores. ¿Qué se pretende con esto? Vitalizar la operación colectiva y alinearla en contra de sus enemigos, defenderse y prevalecer.
Pero Schmitt era antiliberal y según sus estudiosos, antidemocrático. Sus críticas, retumban hoy con fuerza las ahora muy sensibles y ansiosas instituciones de Occidente, y si reflexionamos por mero ejercicio en los siguientes cuestionamientos, nos daríamos cuenta también quiénes se encuentran capitalizándolos ¿Cuál es el sentimiento promedio de los individuos ante las crisis migratorias, el desempleo, la ausencia de movilidad social, la dilución del trabajo humano causado por la automatización, las crisis energética y alimentaria, la caída del mito meritocrático, la profunda desigualdad o el extremismo religioso?¿Pueden, nuestros complejos sistemas institucionales, resolver eficazmente nuestros problemas modernos? ¿Es, el liberalismo democrático, una consecuencia natural de la evolución histórica o sólo una alternativa muy contingente en nuestra organización?
¿Por qué leer a Carl Schmitt hoy? es también el título de un libro publicado por Fontamara que, en plena conciencia, nos invita a repensar las seguridades ideológicas e intelectuales del liberalismo para reavivarlo con fuerza en estos tiempos tan disruptivos. ¿Cómo? Según lo prologan sus editores: pensando con y contra Schmitt.
Gizeh Polo Ballinas *
@gizehpol
* Miembro del Consejo de CAEITAM y Abogado transaccional especialista en derecho financiero