Gil es enemigo de meterse en ruidos y pendencias, como diría el clásico. Por lo mismo vio con serenidad la fotografía y se restregó los ojos: el presidente Liópez Obrador y el cura Solalinde sentados en un sillón de Palacio Nacional bajo una pintura de José María Morelos y Pavón. Lucen cansados, agotados, como si hubieran hecho algo importante y serio en la investigación de los 40 muertos en una casa de detención de migrantes en Ciudad Juárez, como si hubieran tomado alguna decisión estructurada aun cuando contraviniera las órdenes migratorias estadunidenses.
Allí estaban, sonrientes, los rostros reflejaban la misión cumplida aunque estuvieran molidos y quebrantados. Dos próceres. El Presidente fue escueto: “platiqué con el padre Solalinde sobre migración y justicia”. Debió ser una conversación agotadora. Al salir de la oficina, Gil supone que el cura le dijo al Presidente: vamos a sentarnos en este sillón, Andrés Manuel, porque me siento desfallecer.
Gilga pescó en redes este pez barracuda que declaró Solalinde en 2019: “Me siento muy orgulloso de ser amigo y hermano de Andrés Manuel; la cercanía con él me ha permitido ayudar a mucha gente y colaborar en causas de interés nacional, sin aprovechar beneficio alguno para mí. Yo, como él, no me apego a las cosas ni me interesa el poder”.
Ya se enteró Gamés cómo ayuda el padre Solalinde a los migrantes detenidos en cárceles migratorias. ¿Haciendo qué?, haciendo nada.
Apenas el día de ayer, Gil decía en esta página del fondo que el cura le parecía un simulador y un fanfarrón; se quedó corto, pero no quiere ponerse largo, en la fotografía se le veía muy cansado al cura.
Dalái
Se alborotó el cotarro. En una imagen de las redes sociales que se ha vuelto viral, el Dalái Lama permite que un niño se le acerque. Nadie sabe bien a bien hasta ahora qué le dice el Dalai al niño, pero éste pequeñuelo le da un beso en la boca y luego le chupa la lengua. Roberto López, periodista histórico de su periódico MILENIO escribió: el Dalái Lame.
El líder del budismo tibetano pidió disculpas por pedirle a un niño que le chupara la lengua: “Su santidad desea pedir disculpas al niño y a su familia, así como a sus muchos amigos de todo el mundo, por cualquier dolor que sus palabras hayan podido causar (…) su santidad suele bromear con la gente que conoce de forma inocente y juguetona, incluso en público y ante las cámaras. Lamenta este incidente”. Lo cual, cavila Gil, nos hace suponer que también lo hace en privado. Ah, que juguetón su santidad. A los 87 años todas sus santidades se vuelven juguetonas. Gil se pone sentencioso: el poder religioso siempre engendra abuso.
Su Santidad Francisco
En otro, pero no tan otro orden de ideas: el presidente Liópez ha dicho que “el Papa Francisco es admirable. Desde que tengo conciencia sobre estos temas no había sabido de un Papa tan consecuente, tan Cristiano como Francisco (…) Cómo no voy a estar contento con Francisco, es un santo, un defensor de los pobres, de los desposeídos, un verdadero cristiano”.
En otro tiempo, a este despilfarro de elogios se le llamaba curarse en salud. Gil les explica por qué: algunos obispones de México consideran enviarle al Papa Francisco un documento sobre las regiones que están bajo el control del crimen organizado.
El Presidente dijo que le llamaba la atención que ese interés coincida con el pronunciamiento de algunos senadores republicanos y del Departamento de Estado de Estados Unidos. Ah, carambas, qué olfato, qué astucia. Gil también está contento, qué rayos, si hay que ponernos contentos, nos ponemos contentones.
Todo es muy raro, caracho, como diría Savater: “¿Cómo debemos recibir hoy a los migrantes? Como a semejantes que nos hacen el inmenso favor de recordarnos en qué consiste nuestra humanidad (…) Por lo común, quienes emigran quieren huir de la miseria incluso aunque apenas conozcan las ventajas de nuestra relativa prosperidad: no es la luz lo que los atrae, sino la sombra de la que escapan lo que los empuja. Naturalmente, si mejorasen las condiciones de vida en su país de origen habría muchos que preferirían quedarse en su tierra”.