Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil cavilaba mientras leía sus periódicos y sus pantallas informativas: si hay derechos adquiridos, ahora existirán los conocimientos adquiridos esos que llegan a la cabeza por azar, inesperados. Gil se refiere a esto que vio en una nota de Jorge Monroy: sin ninguna experiencia profesional en materia electoral, Arturo Manuel Chávez López, actual director de Talleres Gráficos de México y colaborador cercano de la presidenta Claudia Sheinbaum, obtuvo un puntaje de 99 en el examen de conocimientos para ser consejero del Instituto Nacional Electoral.
99 puntos no es poca cosa, se trata de una calificación de alta gama, diría Gilga. Ah, el azar siempre juega con el viento a favor: Chávez López fue colaborador de Sheinbaum cuando ella ocupaba la delegación de Tlalpan. Posteriormente, en la jefatura de gobierno lo designó asesor en Regulación y Políticas Públicas. Al llegar Sheinbaum a la presidencia en 2024, Chávez fue nombrado funcionario de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación.
De nuevo el azar, oh, sí: de acuerdo con fuentes consultadas por el reportero Monroy, este hombre excepcional que aprendió todas las leyes electorales en una tarde llevó la defensa de Pío López Obrador, hermano del expresidente de México, por haber sido exhibido en videos recibiendo sobres amarillos con dinero. Las defensas deben ser pagadas con solidaridad.
Los sueños y la realidad
Gil atento. El Comité Técnico de Evaluación de la Cámara de Diputados para la designación de tres consejeros del Instituto Nacional Electoral publicó la lista de aspirantes que avanzaron a la tercera fase del proceso.
Y entonces, ¿adivinen? En esa lista de 171 personas apareció Arturo Manuel Chávez López, quien de acuerdo con el comité obtuvo un puntaje de 99, una calificación casi perfecta. Bien por Arturo, carambas. Claro, sus malquerientes afirman que el aspirante no es abogado, sino egresado de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, y su trayectoria no muestra ninguna experiencia en materia electoral. Nada le hace, cada vez necesitaremos menos conocimientos electorales, para que más que la verdad.
Gil leyó no sin asombro: Arturo Chávez López es profesor de tiempo completo en la Universidad Nacional Autónoma de México, con una sólida formación, es un decir, en ciencias sociales y políticas públicas. Sólido, leyó usted bien. Chávez ha coordinado la Red ECOS Nacional, impulsando modelos de investigación colaborativa entre academia, gobierno y sociedad; además, se desempeñó como titular de la Unidad de Políticas Transversales en la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación donde promovió convenios interinstitucionales para la soberanía alimentaria, salud y potencia científica de México, si a todo este batidillo añadimos su experiencia en los Talleres Gráficos de México, el perfil de Chávez es casi perfecto para ser consejero editorial de este INE.
Otro probable, pero seguro consejero
El segundo perfil que obtuvo 99 de calificación en el examen de conocimientos es Bernardo Valle Monroy, exconsejero del Instituto Electoral de la Ciudad de México, y quien fue representante de la Secretaría de Gobernación en el equipo redactor de la reforma electoral (“plan A”) de la presidenta Claudia Sheinbaum. ¿Qué querían?, ¿consejeros verdaderos?, esos se acabaron no hay más, ni mes.
Ya lo sabíamos, Gil lo escribió sin pena ni gloria: el gobierno y su partido hegemónico también han cooptado al INE. Desde endenantes.
Aguilar Camín, alarmado
Gamés ha leído allá en la página tres de su periódico MILENIO los artículos de Héctor Aguilar en su columna diaria acerca de la flamante e inflamable capacidad de UIF para congelar cuentas sin pasar por fiscalías o jueces y juezas. Y afirma que le escandaliza que no se haya desatado un escándalo.
Pues el autor de “Día con día” tiene razón. Gil aventura algunas explicaciones de esta rara paz de los sepulcros: 1. la desinformación de una franja de la sociedad y su electorado son de una ignorancia supina; 2. el dinero compra siempre, ¿por qué no habría de comprar la opinión y los votos de quienes reciben efectivo?; 3. la oposición, desarmada, no hace un café.
Todo es muy raro, caracho, Gil pegó el oído a la mesa de unas señoras en un restorán de postín: “acuérdense: confesión no pedida, explicación manifiesta”.
Gil s’en va